viernes, 7 de septiembre de 2018


TABARÉ CARDOZO




El arte es increíblemente transformador. No solamente genera tantas interpretaciones como sensaciones en quien lo recibe, si no que los artistas, quizás sin darse cuenta, en ese paso del tiempo inalterable transitando su camino, van acumulando experiencias que los transforman. Se da un ida y vuelta constante en el que las creaciones son las principales protagonistas. Tal es así que existen personas que comienzan a brindar su arte desde una edad muy temprana, seducidos por esa inquietud de entregarse y vibrar haciendo lo que más les gusta. Desde una casa en el barrio montevideano del Buceo empezaron a sonar melodías que rebotaron por las paredes y fueron solo el puntapié inicial para que hoy Tabaré Cardozo, a sus 47 años, continúe permitiéndose la oportunidad de regalar lo que  su corazón tiene para ofrecer. Las canciones son un puente, y son como fotos de distintos momentos de su vida, pero esa chispa interminable que se enciende desde su amor por el arte trasciende toda obra, trayendo un nuevo disco bajo su manga, y entrevistas como esta.

¿CUÁLES SON TUS PRIMEROS RECUERDOS MUSICALES?


“Mis primeros recuerdos son los de la música familiar. Pasé toda mi infancia en plena dictadura, entonces había muchos discos de bandas y cantantes que estaban prohibidos. Por suerte mi abuelo había encanutado muchos discos de música nacional y latinoamericana. En algún momento descubrí ese tesoro y lo empecé a escuchar bajo recomendaciones serias de que no lo hiciera a un volumen alto porque si los vecinos escuchaban, te denunciaban y venían los botones a allanarte la casa. Cualquier vecino era potencial buchón. De niño no tenía muy clara a esa situación pero sabía que había órdenes que tenía que respetar.  Entre otras cosas escuché el disco de murga La Soberana de 1970. Ahí empecé a entender que se podía jugar con las palabras y el concepto del humor cantado. Un ejemplo era el cuplé de La Computadora que jugaba con la palabra Tupa apareciendo muchas veces. En mi casa sabíamos que esa palabra no se podía decir, y descubrí que ahí había una semilla muy grande de libertad. Vos de cierta manera podías decir lo que no se podía decir y vencer a la autoridad. Ese fue el primer acercamiento que tuve con la murga. Después en casa había discos de Los Beatles y de folclore argentino. Luego de que mi viejo salió de la cana, recuerdo haberlo escuchado cantando con su guitarra. Siempre digo que tengo que agradecerle la vocación musical a la UTE porque cada vez que había un apagón, mi viejo agarraba la guitarra, prendía un farol a mantilla y nos poníamos a cantar con él. Su selección musical era muy buena. Con el tiempo me di cuenta de que él no cantaba cualquier cosa. Ahí aprendí que las canciones que uno escuchaba en los discos se podían hacer caseramente.  Empecé a mirarle los dedos para ver cómo los ponía, y cuando mi viejo se iba a laburar yo le agarraba la guitarra y trataba de sacarle el sonido. Esa fue mi primera escuela”.

LOS DRACULATECAS

"Empecé a componer con Los Draculatecas que era la murga de niños que integraba. En los primeros dos años de la murga eran algunos familiares los que se encargaban de las letras. Luego empezamos a hacerlo todo nosotros mismos. Técnicamente no eran canciones, pero hacíamos cuplés, presentaciones y despedidas. Íbamos a los tablados para ver qué hacían las murgas y tratábamos de copiarles el formato. Caíamos al tablado a las 6 o 7 de la tarde antes de que abriera, y hablábamos con el dueño o los encargados. En general actuábamos al principio, que era una cagada porque recién estaba llegando la gente y nos prenderían solo los retornos (risas), pero después empezaron a ver que a la gente le gustaba y se empezaron a sorprender. Veían que los espectáculos tenían cierta coherencia y que aparte estaba el negro Aldo que era un niño muy crá, talentoso y gracioso. La gente se cagaba de la risa porque él bajaba a la platea, subía, hacía los cuplés, etc. Entonces en los tablados nos metían cada vez con más confianza entre murga y murga. Desde chicos empezamos a foguearnos con el público. Cuando éramos adolescentes ya teníamos tremenda confianza en lo que hacíamos. El negro se movía como pez en el agua en lo que hacía y se metía a la gente en el bolsillo siendo un niño. Compuse bastante para la murga”.

VOLVER AL PUNTO DE PARTIDA

“Después siendo adolescente armé una banda de Rock con unos compañeros de clase del liceo. En esa época había vuelto la democracia y fue como el resurgir del Rock. Me acuerdo que empecé a curtir Psiglo, Heavy Metal, Rock español, Punk. Escuchaba discos de Varón Rojo, Venom, Iron Maiden, AC/DC, Black Sabbath, etc. Eso me cambió la cabeza. La banda se llamaba Ozono. En la vuelta se hablaba del tema de la capa de ozono, y nosotros le pusimos ese nombre sin saber bien de que se trataba de un desastre ecológico (risas). Queríamos ponerle un nombre con algo que estuviera de moda, pero no había ninguna conciencia ecológica. Hicimos un logo que permitía que el nombre se leyera al derecho y al revés. Esas cosas de adolescente. Hicimos unas cuantas canciones y las grabamos en un ensayo. En 2016 se cumplieron 30 años de la formación y fundición de la banda porque ni bien se fundó, se fundió. Después de mí hubo otro vocalista, la banda siguió un año más y se desarmó. El batero de la banda que había salido en Los Draculatecas y que después salió conmigo en Curtidores de Hongos y Falta y Resto, me trajo un cassette con esa grabación y la escuché. Increíblemente una de las canciones tenía una melodía que estaba buenísima. Se llamaba vejentud,  y decía que los jóvenes estaban avejentados y que había que salir de la represión. Como la melodía y el riff de guitarra de esa canción estaban muy buenos, le cambié la letra e hice una canción que se llama Cállense, que está en mi último disco Libre Pensador. La letra no tiene nada que ver con lo que decía la antigua canción pero sí con su entorno, es decir, con los pibes que ahora son viejos como yo y habíamos armado esa banda. No sé si eso tiene un valor artístico por sí mismo, pero me hace bien aferrarme a ese punto de partida porque me hace saber dónde está el centro. Es muy fácil perder el centro cuando se expande tanto todo. Alguien dijo que te das cuenta que sos famoso cuando te saluda gente que no conocés, y la que conocés no te saluda. Por ejemplo me ayuda mucho el haberme vuelto a juntar a ensayar hace poco con los pibes de Los Draculatecas. También armamos un grupo de WhatsApp con los pibes de Ozono. Son giladas, pero es gente que me conoce a mí y que yo los conozco. Me acuerdo de sus familias y ellos de la mía. Hasta recuerdan cosas de mí que ya olvidé. Me llevan a una parte de mi personalidad que la fui borrando sin querer, porque el personaje público te va comiendo tu historia”.


“UNO ES LO QUE CREE QUE ES”


“Cuando pasás de la vocación a la profesión  te empiezan a pasar otras cosas por dentro.  Hay momentos en los que odiás esa profesión por más que te guste, y ahí es cuando tenés que buscar ese centro que perdiste y recordar por qué hacías lo que hacías. Hay que volver a ese concepto de ver a la música como un juego. Los músicos son niños eternos, por eso vos ves al negro (Ruben) Rada o a Mick Jagger y no parece que tuvieran 70 y pico de años. Uno es lo que cree que es. Vos podés tener muchos  años, pero si ves en el espejo a un joven, vas a ser joven. La ancianidad es el paso del tiempo, pero el espíritu es la construcción de lo que uno cree que es. Hay cosas que no podés cambiar,  como que se te caiga el pelo, uses lentes, te quedes sordo, pero otras sí”.

¿EN QUÉ MOMENTO PASASTE DE LA VOCACIÓN A LA PROFESIÓN?

“Tuvo como varias aristas. Todo fue gradual. Tuve varias vocaciones e inquietudes. Aparte de la música, hacía teatro y escribía mis obras. La primera vez que alguien me reconoció algo fue justamente en Teatro Joven. Estuve en dos grupos de teatro: Los Cardozo Brothers con mis hermanos, y un grupo de teatro cómico que se llamaba La Bomba compuesto por un compañero que había salido conmigo en Los Draculatecas y dos compañeras más. Con esas dos compañías independientes de teatro llegamos a ganar el concurso de Teatro joven. Recibimos distinciones como la de mejor trabajo dramatúrgico, etc. Estaba buenísimo el hecho de hacer algo que habíamos ensayado y que la gente se cagara de risa. No habíamos estudiado nada. Yo había estudiado teatro  solamente dos años con Graciela Pittaluga. Lo hice de rebote porque tenía un tío que era cantante de tango y era el cantor de una obra de teatro. Él ensayaba a la vuelta de casa y yo iba a verlo. Un día faltó un actor y no sabían qué hacer. La  directora de la obra le preguntó a mi tío si yo encaraba para actuar. Y él le dijo que yo era actor. Con eso me tiró el centro y me dieron el texto para que lo leyera. Después de que lo leí, levanté la cabeza y el resto del grupo estaba aplaudiendo. Quedé en la compañía y a partir de eso empecé a aprender sobre la marcha. Los actores me iban tirando piques, pero la forma de aprender siempre fue esa. Traté de volcar todo lo que sabía en las dos compañías que te nombré antes. El teatro fue el primer mojón que marcó algo más o menos profesional en mi carrera. A raíz de eso en 1998, el gallego (Enrique) Vidal que era uno de los organizadores de esa movida joven me recomendó para escribir  en la murga Contrafarsa. Como antes de eso ya había salido en Falta y Resto, les dijo “Este pibe salió en murga y además escribe cosas cómicas para teatro”. Con Contrafarsa ganamos el Concurso Oficial en ese año. Fue el año en el que escribí Las Chusmetas y El Masoquista.  Las puntas (presentación y retirada) eran escritas por Álvaro García, que me acuerdo que me ayudó muchísimo a dominar algunos códigos. Al año siguiente gané el premio Víctor Soliño con el cuplé Doña Identidad. Todo eso me iba insertando en el circuito. Me daba cuenta de que lo que a mí me gustaba también le gustaba a la gente. A raíz de todos esos premios en carnaval que tenían relevancia por lo económico también, dejé el laburo y me dediqué a lo artístico. Esa era la época en la que estaba arrancando con mi proyecto solista. Ahí abandoné definitivamente al amateurismo”.


EL PROCESO DE ESCRIBIR


“Me ha pasado de todo. En 2002, al venir la crisis tuve que escribir para un montón de conjuntos de carnaval porque había largado el laburo. Entre Yamandú (Cardozo) y yo, ese año escribimos para 4 murgas, una Sociedad de Negros y Lubolos, un grupo de humoristas, un grupo de revistas, etc. Era una locura. Escribir a pedido te sirve como ejercicio pero es antinatural. Cuando he tenido la oportunidad de escribir para mis proyectos, en el momento en el que estás creando, estás creando con cero censura. Después de esa catarata de cosas que escribo me pongo en modo crítico, y leo todo como si lo hubiese escrito otro. Lo que descarto, no lo tiro. La papelera de reciclaje siempre queda ahí. A veces hay ideas que son buenas, pero no le encontrás la vuelta de cómo realizarlas, o realizaciones que son buenas pero la idea madre es una porquería. De todas firmas guardo todo. El proceso creativo fue mutando porque he ido incorporando cosas. De a poco fui abriendo la cabeza a escuchar otros géneros musicales, y después vino la parte compositiva y el hecho de empezar a armar canciones. Siempre mantuve el mismo mecanismo de no censurarme y luego ser despiadado y empezar a borrar”.


¿QUIÉNES SON TUS REFERENTES MUSICALES?


“Tengo como tres categorías: La música que me gusta, los ídolos que tengo y la música a la que me parezco. El tango es algo que me influenció muchísimo y no es algo que yo detecte. Al escuchar mi propia música me doy cuenta que uso palabras que son bien del lunfardo que se usa en tangos, o el tipo de estructura que tienen algunas canciones mías es similar al de ese género. También por el tipo de melodías. De hecho el género de murga canción es una mezcla de tango con candombe. Agarrás un tango y lo candombeás y ya tenés una canción de murga. Queda perfecto además. Tuve la oportunidad de conocer a muchos de mis ídolos  como el Canario (Washington) Luna y que cante canciones mías, como El Sabalero (José Carbajal), que para mí el tipo por sus letras es el mayor poeta del Uruguay. Lamentablemente no pude conocer a (Alfredo) Zitarrosa, pero sí a (Eduardo) Darnauchans, que me dio recontra pa’ adelante cuando yo era un pibe. Es más, yo tenía unos 17 años y fui a  cantar mis canciones a un beneficio en Malvín. De repente miro y estaba el Darno (Darnauchans) entre el público. Yo vi que en el cartel decía que iba a estar él, pero pensé que no iba a llegar nunca, porque eso se estilaba aparte (risas). Pensé “¡Qué vergüenza! ¡Yo encima cantando esta porquería! Él escuchaba atento. Al lado tenía a gente que le hablaba, pero él solo les decía que sí porque quería hacer el esfuerzo de escuchar. Yo quería que por favor esa persona le hablara y que él no escuche la letra. Después dije al micrófono “Un aplauso para Darnauchans que está esperando y no lo voy a hacer esperar más”. Me levanté, agradecí al público y me fui. Me acuerdo que me fui como por un pasillo medio oculto que estaba atrás del escenario para no cruzarme con Darnauchans. Cuando voy a dar la vuelta por ese pasillo había una puerta trancada, la abro y me doy de frente con el Darno. Enseguida me dijo: “¡Hermanito, dame un abrazo, te felicito! Es buenísimo lo que hacés, por favor mostrate y que te vean!”. Y a mí me daba vergüenza que me estuviera felicitando. Otros referentes son (Fernando) Cabrera, con el que tuve la oportunidad de cantar en “Malandra” en el tema Brujos y Científicos. (Jorge) Drexler también me dio para adelante cuando yo tenía una banda con los hermanos Ibarburu allá por los años 90. Fuimos a tocar a un boliche que se llamaba Laberinto y él fue a ver a los Ibarburu porque eran amigos de Daniel, su hermano. Me acuerdo que me felicitó por una canción en especial que hoy la miro y me doy cuenta que tenía muchas carencias, pero bueno, años después terminé grabando con él también. Nunca le mencioné sobre esa noche porque ni se debe acordar de ese suceso (risas)". 


“EL EJE DONDE PINCHA EL COMPÁS”


“Me pasó algo también con Omar Romano que es el que inventó el género de murga canción. Él juntó a un grupo de murguistas en los años 70’ y formó Los del Altillo. Ese grupo estaba compuesto por coro y batería de murga y él cantaba sus canciones con la guitarra. También cantaba los temas que hoy se conocen como clásicos de murga. Hasta ese momento nadie había grabado clásicos. Dentro de sus canciones había una que se llamaba El Farolito que era su hit. Él era el artista del momento. Yo vivía en el Buceo, y al lado de casa vivía un vecino que se llamaba Enrique. Su hijo cumplía años y él como tenía muchos contactos llevó a su casa a Omar Romano. En un momento del cumpleaños se puso a cantar y para mí era como tener al Canario Luna. Cuando arrancó a cantar El Farolito nos pusimos a acompañarlo con unos amigos y le hacíamos los contracantos. ¡El loco no lo podía creeer! ¡Éramos unas ratitas! Después nos firmó autógrafos y nos invitó a ir a su casa cuando quisiéramos. Luego él se fue del país y dejó de cantar por un largo tiempo. Por el año 2006 o 2007 fui a cantar con la banda a la Semana de la Cerveza en Paysandú. Estábamos haciendo la prueba de sonido y llegó alguien de la organización y me dijo: "hay alguien que quiere hablar contigo”. Se me arrima un veterano y me dice: “Cardozo, permítame estrecharle la mano, ¡lo felicito!, ¡Es espectacular lo que usted hace! Es importante que la murga canción se mantenga viva”. Le agradecí, pero pensaba “Capaz que este hombre es alguien conocido y yo ni me doy cuenta de quién es”.  Le dije:  “usted veo qué domina el paño”, porque me hablaba de cuestiones técnicas también. Me respondió que él tenía una banda similar a la mía que hacía murga canción hace muchos años, pero que yo era muy joven y no me iba a acordar, y que su nombre era Omar Romano. Ahí dije “¡Pahhh!” Y le entré a cantar sus canciones. Lo invité a cantar conmigo en ese show pero al final no pudimos hacer algo juntos. Igual quedamos en contacto. Son esas cosas lindas que hacen que tengas un punto de contacto con esa vuelta al eje donde pincha el compás. Eso tiene un valor artístico pero también personal y afectivo. Después hay gente con la que no he podido cerrar el círculo como por ejemplo Daniel Viglietti, con quien no pude grabar nada, más allá de haber cantado juntos en vivo. Sí lo pude cerrar con gente del rock como Gabriel Peluffo”.


¿QUÉ ES LO QUE MÁS DISFRUTÁS DE TUS SHOWS?

“Disfruto cuando está todo bien ensayado y sale todo de memoria. Sufro mucho los estrenos porque estoy corriendo todo el día, algo que le pasa a todos los músicos. Aparte de mi proyecto tengo a La Catalina, y la manejo, soy su chofer. Entonces tengo que estar arriba de la murga. Volviendo a la banda, hace poco presentamos el último disco Libre Pensador. Hicimos 12 ensayos y en ninguno pudimos estar todos. Cuando podía uno, no podía el otro. Llegamos con todo ensayado al (teatro) Solís, pero recién estuvimos todos el día anterior en el ensayo general. Salió todo perfecto porque los músicos son unos crá, pero en realidad hubiese estado bueno hacer 30 ensayos con toda la banda completa. Yo pago los ensayos y les cubro el viático a los músicos, pero me gustaría pagarles un caché por ensayo, y tener una sala para ensayar. Me acuerdo que cuando en el 95’ desarmé la banda que tenía con los Ibarburu, ellos se fueron a tocar con Fito Páez, y él les pagaba un caché importante por mes. Ellos cobraban una plata fija. Eso es lo que tendría que  hacer con mi banda. Tendría que tener una sala de ensayos y no andar alquilando y esperando que haya lugar. Me reporta mucho cansancio el hecho de no poder hacer las cosas como me gustaría hacerlas. Entonces llego cansado a los shows y como estoy cada vez más viejo me voy olvidando de algunas letras. Después que está todo rodando y hay que cantar las canciones que me sé de memoria, pongo el piloto automático y me dedico a disfrutar como si estuviera en la platea. Otra cosa que me limita mucho es el estado de la garganta porque estoy todo el tiempo sometiéndola con la murga, viajando con aire acondicionado, etc. A veces viajando te ponen la calefacción y te sacás el abrigo pero después te despertás y estás cagado de frío, llegás y cantás a veces sin dormir. Entonces estás con la garganta hecha mierda todo el tiempo y eso te quita disfrute. Cualquier cantante se cuida y una semana antes de cantar, achica. Yo no puedo darme ese lujo. El concierto del (teatro) Solís que está grabado y figura en Internet, por ejemplo, lo hice recién llegado de Cuba. La banda había ensayado sin mí. Llegué e hicimos el show en 3 días consecutivos, y el que  grabamos fue el del tercer día. Imaginate la mancadera que traía. Hay partes de canciones de ese show que están desafinadas y no hay arreglo. Si tenés que jugar quebrado, jugás quebrado. Uno sabe dónde está su punto de esplendor, y ojo que no soy (Luciano) Pavarotti tampoco, pero uno se tiene fe. No soy un cantante, sino un compositor y cantautor. Canto mis canciones medianamente bien, pero herido es más complicado. Claro que eso pasa en la menor cantidad de veces, pero tenés que ligar. A veces hay shows en los que cantás fenómeno y nadie tiene que retocar nada, pero no se graban”. 


¿QUÉ SIGNIFICADO TIENE LA MÚSICA PARA VOS?

“La música es un espacio de libertad a través del que respondés preguntas que te hacés a vos mismo y a la vez proponés preguntas nuevas. El arte es un medio de elevar la conciencia y el ser. Es la creación de un mundo en el cual tenés el mando, no para subyugar a otras personas, sino que me refiero al mando de la creación a partir de la imaginación. Uno no sabe por qué nació, ni cuándo se va a morir. Estamos en una realidad en la que todas las noches nos apagamos y luego se nos prende automáticamente la llave al otro día. Cambiamos de dimensión y no sabemos en dónde estamos. Tenemos un pie en una cáscara de banana y otro en un skate. Sin embargo nos armamos una realidad para poder llevarla pero es angustiante. El arte no resuelve a esa angustia pero sí la plantea, y por otro lado crea una realidad en la que todo tiene sentido. Por un momento jugás a ser dios, a la creación. A veces esa creación es compartida. Esa creación no implica que seas un todopoderoso, pero sí decidís sobre algo que estás armando como un juego. Tenés ese marco de creación en el que armás algo con un principio y un fin. Esa chispa creadora es la que nos mueve a todos los artistas aunque no nos demos cuenta. Lo otro es la posibilidad de hacer eso libremente. Me crié en una época en la que no se podía hacer nada, entonces al tener gradualmente esa libertad me he permitido disfrutarla. Ejerzo esa libertad y la comparto con otras personas. En el caso de la murga, por ejemplo, no son títeres que cumplen órdenes, si no que cada uno vuelca su creatividad y entre todos vamos armando ese mundo. Somos una cooperativa y todos tenemos el mando”.

 “EL ARTE RECOMPONE EL TEJIDO QUE ESTÁ ROTO”

“Además de tener que lidiar con tus propios demonios, tenés que  adaptarte a la sociedad en la que vivís, que en general está bravísima la convivencia con las demás personas. Desde que sos chico el mundo te empieza llevando a su ritmo, con su lógica. Vos por ejemplo en un cuplé, o en un sketch cómico podés agarrar cosas mínimas de la realidad, exponiéndolas de manera que todos nos sentimos identificados con ellas y nos reímos. Entonces desde la murga hacemos como un bullying correctivo. Y no es ir por ahí educando a las personas si no que se da esa catarsis de darnos cuenta de las cosas que hacemos y que pasan. Volcás todo eso en un tablado y la gente se caga de risa, entonces todo ese puente de empatía que está roto en el día a día cuando cada uno hace la suya, se une en el tablado o en un show de Stand Up. El arte recompone el tejido que está roto, y el humor es una gran herramienta para eso. Porque si vos te parás en el medio de la calle y empezás a tirar las verdades así nomás, nadie te va a dar pelota, pero si lo hacés de forma chistosa es distinto”. 


¿QUÉ COSAS TE QUEDAN PENDIENTES EN TU CARRERA ARTÍSTICA?

“Es difícil relatar el partido mientras se juega. Pero pienso que lo que quería hacer, lo hice. Lo que tenía para decir, lo dije. Me queda reconstruir  a nivel personal toda una cantidad de cosas. Mirando mi vida me he dado cuenta de las distintas formas de pensar que he ido teniendo conforme ha pasado el tiempo. Hay cosas con las que comulgo, y otras cosas con las que ya rompí y no pienso más de esa manera. Entonces hay que construirse de todo eso sin juzgar lo que haya pensado antes. Por ejemplo, yo respeto al cuplé de Doña Identidad,  en ese momento era lo que tenía para decir. Hoy ya no estoy tan de acuerdo con los paradigmas que planteaba. Hoy por hoy es imposible hacer el cuplé de La Travesaña porque es una discriminación tremenda. Yo entiendo la coyuntura y quiénes éramos nosotros, pero hoy por hoy eso no se puede hacer. El cuplé de Los Jóvenes Blancos tenía partes que eran maravillosas, pero otras que eran un poco  duras y había un palo innecesario.  Como izquierdista, ahora que la izquierda ha sido gobierno y se ha enfrentado con cosas que no ha podido resolver, te das cuenta que no era tan fácil. Todo me ha hecho cambiar la cabeza. Lo que tengo pendiente es seguir reseteando y actualizándome para poder ser un anciano con espíritu joven. Antes si tenía que hacer una caricatura mía, me veía como un niño que señalaba a todo el mundo con un dedo gigante. De a poco ese dedo ha ido girando y ahora cada vez más me señalo a mí mismo. Hay una frase de No Te Va Gustar que dice “Vos sabés señalar pero esperá a que te vean”. Entonces,  ¿quién soy yo para andar señalando?  A medida que fui creciendo, me fui dando cuenta de eso y espero poder seguir desarmando mi cabeza”.


¿CUÁLES SON TUS PROYECTOS VENIDEROS?


“Recientemente grabé el disco Libre Pensador y lo presenté en Uruguay y Argentina. Voy a escribir el nuevo espectáculo de la murga para el Carnaval 2019. Hace poco hicimos el espectáculo 15 +2 que acá fue un éxito y lo vamos a presentar en Argentina. Y luego en el resto de 2019 pienso seguir presentando mi último disco. Pretendo seguir vinculándome con artistas como ha pasado con León Gieco, Los Tipitos, Soledad Pastorutti, Abel Pintos, Bersuit Vergarabat, etc. Y también poder compartir con otros músicos de acá con los que no he tenido la chance aún. Sobre todo nutrirme de músicos de distintos palos”.


SI TU CARRERA FUERA UNA FOTO, ¿QUÉ HABRÍA EN ELLA?

“Me gustaría que la foto fuera muy grande porque tendría que entrar mucha cantidad de gente, como por ejemplo todos los músicos con los que he compartido cosas. Armar como un collage. Sería un mural como el de Los Simpson en el que están todos los personajes. Capaz que habría como 500 personas de todas las partes del mundo y de todos los palos haciendo un mega We are the World (risas)”. 

ESCUCHÁ LA LEY DE NEWTON, UNA DE LAS CANCIONES DEL NUEVO DISCO LIBRE PENSADOR:











viernes, 5 de enero de 2018

TRENZADOS

De izquierda a derecha: Pablo Iribarne, Julián Rugnitz y Lucas Bueno. 



La oportunidad de compartir un proyecto artístico con amigos no se da todos los días, y cuando eso ocurre cada momento se vive de otra manera. Compartir canciones, ensayos y shows, se torna realmente significativo por el hecho de saber que existe mucho más que una mera afinidad artística. La amistad crece y se multiplica, aparecen nuevas personas en el camino y el producto musical carga con todas esas vivencias. La historia de Trenzados ha recorrido esos lugares con un repertorio de canciones inéditas en la mochila, las cuales merodean entre la fuerza de un rock and roll, la cadencia de una bossa nova, y el ritmo inconfundible del candombe. Julián Rugnitz y Lucas Bueno son los protagonistas de la entrevista,  y junto con Pablo Iribarne conforman a este trío que tiene cerca de 3 años de vida, sin perder la esencia que los une.  


¿CÓMO NACE “TRENZADOS”?

JULIÁN: “Trenzados nace en 2015. Un tío mío que es de Rivera y canta folclore y música popular  tenía una presentación en AGADU.  Me invitó para que cantara de telonero, pero no me parecía que tuviera que tocar solo. Entonces invité a Lucas (Bueno) y a mi primo Matías (González), que en un primer momento conformó el trío. Nos juntamos a ensayar 2 o 3 canciones y teloneamos el show. Como nos gustó lo que habíamos hecho, hablamos para seguirnos juntando y armando canciones inéditas. El motivo por el cual nos juntamos siempre fue el de compartir. Luego tuvimos otro toque en el boliche “De Zurda”, e hicimos un repertorio de 13 o 14 canciones propias. Ahí fue cuando salimos realmente a la cancha. Luego hubo un parate largo de casi un año. Matías estaba complicado con sus otros proyectos musicales y nos aclaró que no iba a tener tiempo para continuar con nosotros. Con Lucas nos seguimos juntando para mantener la esencia viva, y llegó a ensayar Martín Rodríguez con nosotros, que fue compañero nuestro en la murga La Zafada. Luego por falta de tiempo se bajó. En ese momento comenzamos a tocar a dúo en varios festivales del carnaval de las promesas y en el boliche “La Pizzadita del Piojo”, invitados por los hermanos Porciúncula”.

CASI SIN QUERER

LUCAS: “Al que más le pintó para seguir adelante con el proyecto luego de aquel primer toque en AGADU fue a Julián. Enseguida se encargó de hacer el grupo de whatsapp con fotito y todo (risas)”.

LA LLEGADA DE LOLITO

JULIÁN: “Luego hablamos con Lolito (Pablo Iribarne) para que se sumara a la banda. Me acuerdo que él ya estaba haciendo carnaval con la murga Don Timoteo. Una noche me animé y le escribí. Aparte no podíamos perder nada, y el “no” ya estaba asegurado. Le escribi un mensaje que era como una carta, más o menos, ¡imagínate lo que era eso!, y a los 2 minutos me responde “me encantó la idea, tenemos que juntarnos. Muchas gracias por pensar en mí”. Cuando se sumó le mostramos las canciones que teníamos y empezamos a armar todo. Ensayábamos todos los sábados de mañana en la Casa de la Cultura del Prado que es un lugar tremendo. Teníamos todas las comodidades a nivel de sonido y encima Lolito nos llevaba miel y cereales a los ensayos. Era increíble (risas)”.

LUCAS: “Julián me mandó un audio y me dijo “tenemos que conseguir baterista”. Y yo le dije que no tenía ni idea, y que no tenía que ser alguien que recién estuviera aprendiendo a tocar el instrumento ni tampoco alguien muy zarpado. Enseguida me dijo: “¡Lolito!”, y le respondí: “Te dije que alguien no muy zarpado” (risas)”. Le dije que pa’ mí Lolito la iba a tirar pal’ corner. Luego lo fui a ver a Lolito a la liguilla de carnaval con Don Timoteo y lo felicité. Lo primero que me dijo fue: “Bo, Lucas. Termina carnaval y arranco a ensayar con ustedes”. Yo no había tenido trato con él hasta ese momento. Una semana después de que terminó carnaval empezamos a ensayar con la nueva formación”.

¿CÓMO ATRAVIESAN EL PROCESO CREATIVO DE LAS CANCIONES?

JULIÁN: “Siempre somos abiertos en el proceso creativo sin importar a quién pertenezca la canción. En los ensayos hemos modificado partes de canciones, o les hemos agregado cosas. Ahí ha sido clave la participación de Lolito. Todo lo que tiene que ver con el tiempo de las introducciones, estrofas, estribillos, era definido por él, entonces eso nos hacía correr con tremenda ventaja. También en 2017 agarramos un ritmo de ensayos que nunca habíamos tenido desde que se inició la banda”.

LUCAS: “La mayoría de las canciones del repertorio son de Juli. De a poco se fueron metiendo algunos temas míos. La primera vez que compusimos juntos fue en casa. Julián había hecho una canción en la que habían cosas que no le terminaban de cerrar y la terminamos cerrando entre los dos”.  


¿CÓMO DEFINEN AL SONIDO DE LA BANDA?

JULIÁN: “La música de Trenzados abarca muchos géneros. Hay candombe, bossa nova, rock and roll, songo, etc. Me parece que está bueno que se de esa variedad. Las veces que tocamos hemos logrado un clima interesante. Tocamos en el Oriental Resto Bar que fue el debut de Lolito en percusión, y después 2 veces en el Tazu Rock Bar. Estuvo divino y a la gente le re gustó”.


¿CUÁLES SON SUS INFLUENCIAS MUSICALES?

JULIÁN: “Hay un poco de todo. Las canciones de Bossa me tiran más hacia un Vinicius & Toquinho, porque en una época estuve muy ligado a la música de ellos. También sentí que en el proceso de bajar las canciones a tierra estábamos aportando nuestro estilo. Nosotros estamos muy identificados con el género de murga, entonces siempre uno tiene como esa llevada de la murga por más que esté tocando bossa nova o rock. Eso termina siendo un plus. Hay referentes de la música popular uruguaya también como (Ruben) Rada, (Hugo) Fattoruso, (Eduardo) Mateo, etc".

¿QUÉ TOQUE HA SIDO EL MÁS SIGNIFICATIVO HASTA AHORA?

LUCAS: “Para mí el toque más lindo fue el que hicimos en el Oriental Resto Bar. Además nos preparamos pila para ese toque porque fue la primera vez de Lolito. Fue mucha gente amiga a vernos, a la que queremos mucho. Fue Matías (González), que ya era un ex trenzado. El primer show que hicimos en “De Zurda” cuando la banda arrancó también estuvo lindo”.

JULIÁN: “Todos estuvieron buenos, pero ese que mencionó Lucas fue bastante especial porque lo tomamos como una meta y ensayamos mucho. Fue distinto por todo el proceso creativo que se dio de cara a ese show. El que hicimos junto con los hermanos Porciúncula en el Tazu estuvo divino también. A través de Lucas Cáceres, un artista argentino, tuvimos la oportunidad de tocar en un centro cultural de Buenos Aires. Fue tremenda experiencia porque los 3 compartimos un fin de semana . Nos divertimos mucho".

 ¿CUÁLES SON LOS PROYECTOS VENIDEROS DE LA BANDA?

JULIÁN: “Ahora por lo pronto estamos pensando en ensayar (risas). Estamos volviendo a armarnos. Nos gustaría sumar a un bajista. Además el bajo le da todo el sustento armónico y es una presencia importante en el sonido de la banda. Queremos empezar a ensayar canciones nuevas y está sobrevolando la idea de grabar un disco. Pero primero tenemos que armarnos bien. Lo bueno es que el proceso creativo se da entre los tres. Todos hablamos y decidimos las cosas. Hay un aprendizaje natural que se da en los ensayos por el hecho de compartir conocimiento”.  

SI TRENZADOS FUERA UNA FOTO, ¿QUÉ HABRÍA EN ELLA?

LUCAS: “Estaría sin dudas la murga La Zafada. La “Z” de Trenzados es por La Zafada de acá hasta Manhattan”.


JULIÁN: “Habría como un equipo de fútbol de barrio multiplicado. De esos equipos en los que se arman lindos grupos como pasa en la selección. Se llama Trenzados porque lo que nos trenza y une es la murga “La Zafada” que fue nuestra escuela artística y mucho más, porque varias cosas que uno aprende en la murga sirven para la vida también. Es lo que nos unió, nos une y nos va a seguir uniendo. Si somos como una familia, eso se debe a todas las vivencias que hemos compartido en la murga. Seguro estaríamos los 4 (Julián, Lucas, Lolito y Matías), abrazados y yendo para el mismo lado siempre”. 

PÁGINA DE FACEBOOK DE LA BANDA: https://www.facebook.com/TrenzadosBand/

lunes, 16 de octubre de 2017

PAPINA DE PALMA








Cuando  las ganas y el amor se vuelcan hacia un objetivo específico suceden cosas maravillosas. Un ejemplo de ello es Papina de Palma, cantante que por su condición de “animalera” pudo haber sido veterinaria, pero la música fue ganando terreno de a poco. Hoy confiesa que no hay “nada más importante en su vida” que “hacer canciones”, y disfruta de seguir tocando su primer y único disco hasta el momento: “Instantes Decisivos”, el cual fue presentado hace poco en la Sala Zitarrosa. Gracias a este trabajo obtuvo 2 premios “Graffiti”: Mejor Artista Nuevo y Mejor Álbum Pop. Paralelamente a su carrera solista integra el coro “Coralinas” bajo la dirección de su maestra y amiga Carmen Pi y forma parte del coro de “Falta y Resto”, la murga de las cuatro estaciones, que retornará a dar la prueba de admisión para asegurar un cupo en el Carnaval 2018. Desde la comodidad de su hogar tuvo lugar una charla tan informal como divertida, caracterizada por el entusiasmo de una entrevistada que no escatimó en detalles al igual que en sus autobiográficas canciones.


¿CUÁLES SON TUS PRIMEROS RECUERDOS VINCULADOS CON LA MÚSICA?

“No me acuerdo de que en mi casa se escuchara mucha música. Sí me acuerdo de haber visto al disco: “El Amor después del Amor” de Fito Páez sobre el escritorio de mi papá. Al tiempo me di cuenta de que adentro había canciones increíbles. Me encantaba cantar e improvisaba canciones sobre cualquier cosa que se me ocurría. Decía que de grande quería ser actriz, cantante y veterinaria. Antes era re “animalera” y veía a cualquier perro o gato y me parecía una ternura total. Lo de ser veterinaria se me fue pasando y lo de ser actriz también, sobre todo porque un día mi mejor amiga me dijo “nunca podrías ser actriz porque no podés mentir”. Y es verdad, para ser actor tenés que poder mentir. En el momento me reí pero hasta ahora me acuerdo y se ve que me generó un trauma. Lo de cantar se fue manteniendo”.

“ME DABA VERGÜENZA HASTA CANTAR CON LOS OJOS CERRADOS”

“Viví en Uruguay hasta primero de liceo e integraba el coro “Coralinas”. La directora del coro era Carmen Pi, y hacían una prueba de ingreso. Hice la prueba con tremendas ganas de pasar y pasé. Eso estuvo zarpado. Durante mucho tiempo canté bajito porque me daba mucha vergüenza cantar delante de personas. Al terminar primero de liceo me fui a vivir a España con mi mamá por un año, y luego nos mudamos a Colombia. En ese país tuve mi primer banda. Tocábamos canciones mías. La banda se llamaba “Calma” y se pueden escuchar las canciones en My Space. Lo pasaba horrible porque no tocaba ningún instrumento en la banda si no que solo cantaba, entonces la experiencia de tener que estar parada con mucha vergüenza y sin tener un instrumento del que agarrarme era muy fea. Me quedaba clavada en el piso como una estaca. Me daba vergüenza hasta cantar con los ojos cerrados”.

LA VUELTA AL PAÍS Y UNA DECISIÓN IMPORTANTE

“Luego volví a vivir a Uruguay. Porque todo esto de vivir en otros países tenía que ver con el trabajo del esposo de mi mamá. A causa de eso podíamos estar cambiando de país seguido, entonces decidí volver a Uruguay porque quería hacer la facultad en un solo lugar. Ahí entraba el juego de que era necesario estudiar una carrera. Porque todo bien con la guitarrita, pero tenés que estudiar algo en paralelo  porque es imposible que puedas vivir de hacer tus canciones. Tenía eso como tatuado en el cerebro y nunca lo puse en duda. Por eso estudié la carrera de ingeniería audiovisual durante cuatro años. Era una carrera muy linda pero no lo que yo quería hacer. De todas formas no encontraba otra carrera que me gustara como para hacer. En ese momento aún no me daba cuenta de que lo único que me entusiasmaba era dedícame a la música. Cuando cursaba el tercer año de carrera me fui a trabajar a Buenos Aires en la preproducción de lo que terminó siendo el disco “Instantes Decisivos”. En Uruguay había intentado comenzar a trabajar en el disco con distintas personas, pero por alguna razón ese proyecto se terminaba cayendo. Finalmente empecé a laburar en el disco con Juanito el cantor (Juan Serrano), un músico argentino. Me enamoré de sus canciones.  Lo había conocido cuando vacacionaba en Rocha durante la época en la que aún vivía en Colombia. Me enteré de que producía discos y le planteé por Facebook si quería ser el productor de mi disco, y me dijo que sí. Entonces me mandé hasta Castelar en Buenos Aires y estuve haciendo la preproducción del disco, trabajando en mis canciones durante 15 días. Fue maravilloso. Fue ahí cuando empecé a pensar en que tenía que probar y animarme a seguir adelante con mi música y no ser tan fatalista creyendo que no me iba a ir bien. Volví a Montevideo con esa idea en la cabeza. Seguí yendo a la facultad por un tiempo hasta que me dije “Tengo que dejar de estudiar esto y mudarme”. Entonces me fui a vivir a Buenos Aires a la casa de Juanito (El cantor) y su familia. Lo hice con la idea de irme a vivir sola luego de unos meses, pero al final estuve un año y medio viviendo en su casa. Aproveché todo ese tiempo para componer mucho, e hice bastantes canciones, también me gestionaba fechas y pensaba solo en la música. Algunas de esas canciones terminaron entrando en el disco pese a que ya había pasado la etapa de preproducción. La experiencia de haber dejado la carrera fue muy caótica y nutritiva por lo que surgían canciones todo el tiempo. Toqué mucho por Buenos Aires, terminé de grabar el disco y después de ese año y medio decidí volver a Montevideo. En esa decisión tuvo que ver el hecho de estar ahí para cuando saliera el disco, ya que lo editó el sello Bizarro Records. No tenía sentido que estuviera viviendo en Buenos Aires cuando podía estar haciendo prensa en Montevideo. Me reintegré a Coralinas, salió el disco a la venta, toqué muchísimo y lo presenté hace poco en la Sala Zitarrosa. Las etapas por la que pasó el disco fueron  sorprendentemente buenas”.

¿QUÉ TAL TE RESULTARON LAS REPERCUSIONES DE “INSTANTES DECISIVOS”?

“Todo lo que sucede es mucho más de lo que espero. La prensa recibió al disco de buena manera. No leí ninguna crítica negativa. Las nominaciones a los Graffiti fueron increíbles. Igual me pasó algo con lo de las nominaciones que fue el hecho de que el disco de Nicolás Ibarburu no estuvo nominado a nada y para mí fue el mejor disco del año pasado. Está buenísimo estar nominado, pero en últimas no significa nada más que la opinión de un grupo de gente a la que respeto mucho porque es representativa, culta y escucha mucha música. Pero me decía “Tranquila, Papina”. Luego cuando gané me re copé, ganar es precioso. Los premios en el arte son extraños pero recibirlos es muy lindo”.

EL PROCESO DE COMPONER CANCIONES

“Cuando hacés canciones medianamente autobiográficas estás toda atravesada por lo que te ha pasado. Es imposible escaparte de tu propia experiencia. El haber vivido en otros países está en mi personalidad y eso hace que en mis canciones algo de lo que pasé se vea reflejado. El proceso creativo de canciones es re caótico. Hago un taller de canciones en mi casa y tengo unos ejercicios estipulados para los que vienen a hacer el taller, que a veces me los pongo a mí misma también. Antes  el proceso pasaba porque me viniera la inspiración y aparecía la canción. Pero luego me di cuenta de que también está el oficio de hacer canciones. Eso de sentarte y escribir aunque no te esté pasando nada. Aprendí a no estar como esperando todo el tiempo que la inspiración venga. En la mayoría de los casos las canciones surgen a partir de la letra y la poesía. En mi vida no hay nada más importante que hacer canciones. Si hay una situación en mi vida que me bloquea y no me deja hacer canciones, la esquivo. También busco ser creativa a la hora de ser mi propia manager, manejando las redes. Pienso siempre en qué voy a postear. Parece una pelotudez pero estoy re atenta a esas cosas. Somos muchos los que publicitamos cosas en las redes sociales, pero lo bueno es que somos todos distintos y por lo tanto decimos las cosas de diferente forma. Entonces aprovecho que soy bastante ridícula y no tengo mucha vergüenza”.

¿CUÁLES SON TUS INFLUENCIAS MUSICALES?

“Siempre hay influencias musicales. Amo profundamente a los Beatles. Últimamente por ensayos y toques  no estoy escuchando mucha música. Al llegar a mi casa me divierte un poco el silencio. De todas maneras no me quejo ni en pedo y me digo “¡Qué lindo tener ensayos y laburo permanentemente!”, pero hay artistas que me gustan. En una época escuché mucho a Regina Spektor. De grande me empecé a interesar pila por la música nacional. Descubrí que hay un cancionero increíble e investigo escuchando el disco entero de tal o cual músico. Ando explorando el repertorio de Fernando Cabrera, Eduardo Mateo, Ruben Rada, Jaime Roos, por ejemplo. Todos ellos también son influencias. Si te tengo que nombrar a uno de ellos elijo a Jaime que ahora lo estoy escuchando mucho y lo amo (risas). Me parece increíble”.

LEÍ EN OTRAS NOTAS QUE YA ESTÁS COMPONIENDO CANCIONES PARA UN NUEVO DISCO…

“Permanentemente hago canciones nuevas. De todas maneras siento que a este disco puedo seguir sacándole jugo. Sigue siendo nuevo. Hay muchísima gente que no sabe que existo. Lo que más quiero es que lo escuchen todos, y después es como todo, si no te gusta no lo escuchás más. Pero quiero que todos puedan decidir si lo quieren escuchar o no. Que las personas escuchen mis canciones es lo que hace que esto pueda ser mi trabajo y que por suerte cada vez tenga que dedicarle más tiempo. Hay gente que paga para ir a verme gritar mis intimidades, ¡es hermoso! (risas). Estoy trabajando para que cada vez más pueda hacer esto y menos otra cosa para sobrevivir. Mi objetivo es poder dedicarme solamente a componer”.

¿QUÉ SIGNIFICA PARA VOS INTEGRAR UN PROYECTO COMO “CORALINAS”?

“Las Coralinas son mis mejores amigas. Hace 15 años que cantamos juntas. Son una compañía incondicional desde los primeros toques en los bares más embole del mundo. Iban todas en patota a bancarme. Muchas veces fueron las únicas que estaban viéndome. Mientras no tuve otro proyecto, el coro era el momento musical de cada semana. Antes de estar en el coro veía pasar a Carmen (Pi) y me parecía que la música era ella. Ahora somos amigas. Eso es hermoso. Además, Coralinas fue importantísimo para vencer el pánico escénico. Sabías que estabas cantando con tu familia y que no te iba a pasar nada. Fue re lindo que estuvieran en la presentación del disco cantando conmigo. Recuerdo que como venía re bien la venta de entradas, les dije: “Capaz que no hay lugar para que se sienten, pero achicamos en el camarín”. Una de ellas me dijo “No. Reservanos las entradas que nos tengas que reservar porque queremos ver todo el toque. Vamos a subir al escenario a cantar contigo y después vamos a volver a la platea. No hay chance de que no lo veamos”. Entonces les reservé el lugar que correspondía en la platea”.

SI TU CARRERA ARTÍSTICA FUERA UNA FOTO. ¿QUÉ HABRÍA EN ELLA?

“Sería una foto re movida y fuera de foco. Habría que sacar otra enseguida (risas). Todas las personas que formaron parte del equipo con el que presentamos el disco en la Sala Zitarrosa estarían en esa foto. Andrés Alba que hizo las luces, las Coralinas, los integrantes de la banda. Son todos amigos. Estarían mis papás, porque si no me hubieran fabricado no existiría. Estaría Juanito el Cantor, y vos también que me estás haciendo una nota. Los periodistas están demás y son fundamentales. Esa foto estaría llena de gente y no se entendería nada”.

Escuchá "Si Funciona no dejar que Leude", una de las tantas canciones que podés encontrar en "Instantes Decisivos". 







domingo, 2 de abril de 2017

 ABUELA COCA




En muchas familias se oye decir “No hay como el tuco de la abuela”, porque tiene ese gustito especial y distintivo que alegra el paladar, y despierta muchas sensaciones. La escena musical uruguaya es portadora de un “tuco” bastante particular; una mezcla de géneros musicales que viene preparándose hace 25 años, y que ha sido degustada por miles de personas en nuestro país, y fuera de fronteras. En este caso, no se trata de cualquier abuela, sino de la "Abuela Coca”, que se encuentra abocada a los festejos de su cuarto de siglo de existencia, y se ha transformado en un grupo de referencia para las nuevas generaciones que han crecido acompañadas por su arte. Alfredo “Chole” Gianotti, fundador, y uno de los front man de la banda, se refirió a este extenso recorrido por un camino de  “grandes praderas”, pero también de “picos nevados”, inmerso en un proyecto con el que ha convivido “la mitad de su vida”.

¿CÓMO SURGE TU VÍNCULO CON LA MÚSICA?

“Mi hogar era una casa de padres italianos, y cualquier excusa servía para festejar. Toda la familia venía, y guitarreaba, cantábamos. Entonces desde niño se despertó el entusiasmo por la música. En la adolescencia empiezo a aprender música realmente, y cuando entré a la Escuela de Música descubrí que era mi vocación. Mis hermanos tocaban guitarra y cantaban muy bien, y yo los acompañaba con percusión. El oído musical fue creándose de a poco. Tenía una capacidad de armonía compositiva, y lo adquirido casi jugando, fue perfeccionándose con el estudio y la técnica. Después la cancha te la dan los ensayos y los toques, y vas mejorando tu vocalización y afinación, errándole y luego embocándole. Cuando entrás al estudio, la carrera te va profesionalizando”.

¿CÓMO NACE EL PROYECTO DE “ABUELA COCA”?

“Cuando empecé a componer, y tuve ganas de armar una banda, fue como un juego. Participé en varias, y luego armé “Congo Bongo”, que hoy por hoy es “El Congo”, banda de reggae que tiene más de treinta años. Siguiendo la búsqueda, en 1991, con la idea de armar algo mestizo, y una fusión de estilos, nació  "Abuela Coca”. Pero fue como un divertimento, y la necesidad de jóvenes para juntarse a expresar algo. Estamos hablando de 25 años atrás. En ese momento hacía poco que se había salido de la dictadura, etapa en la que hubo, mucha represión y poca libertad. Entonces para nosotros era necesario juntarnos, y decir las cosas que teníamos para decir. Se fue dando todo lúdicamente, y creciendo ese espíritu musical de trabajo colectivo. Con los años se transformó en una banda profesional que tuvo que grabar discos, tener una razón social, y después nos dimos cuenta que formábamos parte del mercado, firmamos contratos internacionales, hicimos giras, y te llamaban desde Alemania y Cuba, por ejemplo”.

“VIVIR LOS SUEÑOS”

“Siempre digo que hay que vivir los sueños, porque se hacen realidad. Estoy viviendo mi sueño, que era tener una banda de rock, y poder tocar y vivir de la música. Siempre le digo eso a los gurises que estudian conmigo”.

¿A QUÉ SE DEBE LA MIXTURA DE GÉNEROS MUSICALES EN EL SONIDO DE LA BANDA?

“Se dio naturalmente porque somos una sociedad mestiza, en la que hay descendientes de indígenas, y de esclavos africanos que vinieron y se independizaron acá. Hay descendientes de italianos que huyeron de la guerra, españoles que huyeron del franquismo. ¡Hay  tantas culturas desparramadas en Uruguay! Inclusive los españoles que estaban en la Banda Oriental se mestizaban con los charrúas, y dieron vida a una nueva raza. En la música está ese mismo mestizaje. Desde la milonga, hasta el candombe, todo viene de algún lado y se mezcla con el sonido de acá. Me sentía identificado con una música que mestizara nuestro sonido. Que aparezca el candombe y la murga, pero también el Hip Hop y el Reggae. La Abuela Coca es una mezcla de estilos. Nosotros le decimos “tuco”, porque es como una mezcla de sabores, y todos los tucos son diferentes. Congo Bongo es una banda netamente de reggae, que es un folklore jamaiquino. Pero necesitaba un escape compositivo, y Abuela Coca fue eso”.

¿QUIÉNES SON TUS REFERENTES MUSICALES?

“Uno es una esponja y a veces no se da cuenta. Por lo general trato de escuchar música de afuera lo menos posible, para no hacer una música “contaminada”. Tengo mis grandes eferentes en la música. A veces voy inconscientemente a ellos cuando estoy componiendo. Bob Dylan, Bob Marley, Peter Tosh, Alfredo Zitarrosa, Mercedes Sosa, Carlos Gardel, Daft Punk, Sublime, Nirvana, The Beatles, The Rolling Stones, Rúben Rada. Siempre hago un paralelismo con escuchar radio, porque ahí te pasan de todo un poco. Uno empieza a escuchar artistas, y ver cuáles le gustan, y cuáles no. En mis canciones trato de acercarme al pluralismo musical de la radio”.

¿CÓMO TE TOMÁS EL TRABAJO DE COMPONER?

“Antes era con papel, lápiz y guitarra o piano, y hoy tenés a la tecnología. Me gusta mucho la composición espontánea, que en la mayoría de los casos tenés que consultar si lo que creaste se parece a algo. Utilizo todas las fórmulas. También compongo una música y la grabo con la computadora, y en los ratos le voy poniendo letra. A veces tengo la idea bastante clara en el cerebro, y la canción sale directamente. Hay procesos de canciones que quedan por la mitad, y terminan luego de unos años. También está el tiempo en el que no te sale nada, y queda la hoja en blanco. Aprendí a dominar todos esos momentos, y hacer muchas canciones cuando se dan los períodos creativos, para compensar cuando hay sequía. Me gusta tener mucho material, para ver qué queda mejor con qué, e ir seleccionando y descartando cosas. La creatividad es algo mágico que aparece desde el querer decir algo, y terminás siendo como una antena que capta, recibe, y difunde ese contenido hacia afuera. Los momentos y las situaciones son los que te brindan ese contenido. La creación de una canción es como una terapia”.

LA IMPORTANCIA DE DECIR

“El rockero en su concepto hacen muchas canciones de amor, pero también tiene su crítica. El Rock and Roll siempre fue crítico, tanto constructivo como destructivo. Es importante que la música sea la voz de la generación a la cual representa. Hago énfasis en eso, porque estamos mal ecológicamente, por ejemplo, y hay que llegar a distintos oídos para incentivar un cambio en la sociedad. En el último tema de La Abuela Coca, “Patoteros sin exceso”, se habla de esas cosas. Habla de que nos están cambiando la comida, están trabajando con la semilla transgénica, y entonces, ¿qué es lo que van a comer las generaciones venideras?. Hago canciones de amor, y es divino, me hace bien hablar de eso, pero no me olvido de que hay que reivindicar distintos conceptos, y criticar las cosas malas que hacemos. La música es un buen vehículo para llegar a todos lados. Es importante que las nuevas bandas le den importancia al texto en sus canciones”.

“EL PODER DE LA CANCIÓN”

“Llegamos a tocar a Austria. Un mexicano y un austríaco que vivían allí,  habían conocido a La Abuela Coca por Internet. Una canción de la banda terminó siendo su himno de vida. El mexicano tenía muchos problemas de trabajo. Era cafetero de un tren que iba de Austria a Suiza. Todas las mañanas escuchaba el tema para que le ayudara a salir adelante. ¿Cómo te vas a imaginar que con una canción creada en la cocina o en el cuarto de tu casa, originás eso?. Encima cuando vas para allá, los tipos te cantan la canción como pueden, y te cuentan su historia, haciéndote pasar un momento alucinante. Ahí ves el poder de la canción”.

¿QUÉ DISCO DE LA BANDA RESULTA EL MÁS SIGNIFICATIVO PARA VOS?

“He grabado unos doce discos, y he participado en más de treinta discos. Todos tienen algo. Siempre uno se acuerda de sus primeras experiencias. El primer disco de “Congo Bongo” fue muy fuerte, porque no sabíamos ni cómo hacerlo. Y el disco de La Abuela Coca que recuerdo con más cariño es “El Ritmo del Barrio” (2001), que lo grabamos después de haber firmado contrato con Sony Music. Luego decidimos no seguir trabajando con esa multinacional, y armamos nuestro propio estudio y sello discográfico. Salimos con una producción independiente, y eso fue lo que nos abrió más puertas. Optamos por el camino más largo, pero también era el más seguro. Quizás lo más cómodo hubiese sido que la multinacional nos financiara toda nuestra carrera, pero lo que finalmente hicimos fue lo más honesto para con nosotros mismos. Podríamos haber ganado más dinero de la otra manera, pero nos íbamos a sentir ladrones, ganando plata por hacer algo que no nos gustaba, y no tenía un corazón. Fue algo arriesgado, pero acertado. Pegábamos los afiches en la calle, y repartíamos los discos. Esa bola fue creciendo, y la gente lo fue sintiendo como algo transparente. Ese disco fue el que nos catapultó afuera del Uruguay. Es un disco bisagra dentro de La Abuela Coca, y es referente para otras bandas también. Vas a distintos lugares del mundo, y lo reconocen como un disco influyente. Por eso para mí es el más importante”.

¿PENSÁS QUE ESA HONESTIDAD QUE CARACTERIZA A LA BANDA, INFLUYE PARA QUE EL PROYECTO CONTINÚE?

“Pienso que sí. Si estamos hace 25 años es por la necesidad de encontrarnos y hacer cosas. No ganamos miles de dólares por mes. Aparte seguimos teniendo nuestros trabajos. "Abuela Coca" es una banda independiente que invierte desde los bolsillos de sus integrantes, y no hay ninguna multinacional que ponga plata por nosotros. A veces licitamos, como estamos haciendo con MMG (Montevideo Music Group) que es el sello que licencia nuestras obras, y las edita, pero es una co- producción. Eso nos da credibilidad, y la necesidad de salir adelante. Es nuestro proyecto. Si algo es tuyo, lo vas a cuidar más. No solo es mi proyecto, si no el de Andrea (Viera), Gonzalo (Brown), Paulo (Zuloaga), y (Martín) Morón, etc. Somos una cooperativa”.

¿QUÉ SIGNIFICA LA BANDA PARA VOS?

“Familia, vida, amigos, aprendizaje, alegrías, tristezas, etc. Es la mitad de mi vida. La música es todo. No sé si podría vivir sin la música, y Abuela Coca es uno de los proyectos más importantes que mi vida musical involucra”.

SI “LA ABUELA COCA” FUERA UNA FOTO, ¿QUÉ HABRÍA EN ELLA?


“Habría de todo. Puede ser una foto en donde haya un pico nevado, o una pradera bien verde, o un desierto, o un gran océano. Pasamos por desiertos, grandes praderas, fríos de picos nevados, y grandes océanos de agua cristalina. Así es la vida. Estás bien, mal, más o menos y súper. En este momento la Abuela se encuentra súper. Hemos grabado un disco por los 25 años, que va a salir a la venta como disco y DVD en muy poco tiempo. Estamos terminando los detalles. A su vez, este disco impulsa un nuevo disco que estamos componiendo, y que sale a fin de año. Nos vamos a presentar en Montevideo, Argentina, vamos a volver a España. La banda está con una actividad intensa, por eso está “súper”, en ese océano, divirtiéndose. Pero sabemos que así como pasan las estaciones, van cambiando los momentos de la banda. Depende mucho del momento por el que está pasando el país también. Ahora estamos en un momento bueno tanto para la música popular, como para el rock, y lo tropical. También para los espectáculos que brindan artistas internacionales en el Uruguay. Hay un buen momento cultural. Al haber más posibilidades de tocar, la banda está más activa, y en constante evolución que surge de la práctica de estar tocando todo el tiempo en vivo”. 

miércoles, 22 de marzo de 2017

LUCAS LESSA





Luego de tanto fascinarse con la música del legendario cuarteto británico “The Beatles” en los confines de su hogar, tuvo el loco berretín de comenzar a adentrarse en “esta aventura de la música”. Luego llegarían Jaime Roos, Rúben Rada, Eduardo Mateo, y la magia de Miles Davis que lo motivó a estudiar trompeta, y cual dominó, las fichas fueron cayendo junto con las oportunidades, transformándose en trompetista y uno de los compositores musicales de la banda “Once Tiros”, la cual “representó un mojón muy grande”.  Incursionó en la murga “Falta y Resto”, y actualmente integra la banda “Pa’ntrar en Calor”, proyecto con el cual convive su carrera solista que cuenta con dos discos; “Copetín” (2012), y “Berretín” (2016). En estos trabajos ha podido plasmar su música con total honestidad, manejando los criterios, y dando lugar a su verdadera identidad como músico. Este viernes 24 de marzo, desde las 21 horas, presentará su último álbum acompañado por un total de veintisiete músicos en la Sala Hugo Balzo del Sodre. Las entradas están a la venta a través de Tickantel.


¿CÓMO EMPEZASTE A VINCULARTE CON LA MÚSICA?

“Mi madre era “Beatlera”. Me gustaba mucho “Canciones para no dormir la Siesta”, porque iba a un jardín de infantes en el que el profesor era Gonzalo Moreira, que había sido integrante del grupo junto al Corto (Horacio) Buscaglia, y el Choncho (Jorge) Lazaroff, entre otros. Emanaban sensibilidad y mucha información de la música uruguaya que a la larga te termina marcando. Sobre la adolescencia conocí la música de Jaime Roos , Rúben Rada, y Eduardo Mateo. Mis gustos musicales pasan por ahí. Me acuerdo que le insistí a mi madre con que quería comprarme una guitarra. A los quince años tuve mi primer guitarra.  De ahí en más arrancó mi proceso musical con algunas bandas en la adolescencia con las que hacíamos covers. Luego pasó algo importante que fue el haber juntado plata a raíz de un laburo, y con ese dinero me compré una trompeta. Eso me abrió algunas puertas.  Así conocí a unos amigos que estaban en proceso de formación  de “Once Tiros”, y eso representó un mojón para animarme a esta aventura de la música. Paralelamente me anoté en la Escuela Universitaria de Música para empezar a estudiar trompeta. Ahí se me abrió un abanico de cosas para conocer distintas aristas de la música, estudiar, y además vincularme con otros músicos que también iban a la escuela. Toda esa olla fue lo que me puso en este camino”.

¿EN QUÉ MOMENTO COMENZASTE A CONCEBIR LA IDEA DE SACAR TU PRIMER DISCO?

“Luego de empezar a tocar la guitarra, no tardé mucho tiempo para que empezaran a caer ideas musicales. Capaz que al principio ni medaba cuenta de que estaba creando. El hecho de crear tiene que ver mucho con las influencias que uno tiene, y la información que uno toma inconscientemente que se entremezcla en una olla con tus sensaciones y tu realidad, y te deriva en una emoción que se traduce en música. A los quince años empecé a armar mis primeras ideas. A los dieciocho, grabé un cassete. Al principio grababa lo que armaba simplemente con guitarra y voz en la grabadora, y luego empecé a grabar con un porta estudio de cuatro canales que tenía un amigo. Más adelante compuse para Once Tiros, y durante muchos años aporté a proyectos colectivos. Lo mismo sucedió con Pa’ntrar en Calor. En 2005 Conocí a Felipe Castro y al Ratón (Gastón) Angiolini. A Damián Dewailly ya lo conocía de la Escuela Universitaria de Música. Paralelamente a estos proyectos, siempre tuve mis canciones metidas en el freezer, porque no cuajaban con el estilo de lo que hacían ambas bandas. En 2012 dije: “Ta, voy a hacer un disco”.

¿QUIÉNES SON TUS REFERENTES MUSICALES? ¿EN QUIÉN TE ENCONTRÁS AL MOMENTO DE COMPONER?

“A veces me salen cosas que son muy “Beatleras”. Me gusta más lo simple y lo lindo, más allá de lo subjetivo de esta última palabra. Sin dudas que Jaime Roos y Ruben Rada son dos referentes también. Ellos tienen una gran complejidad en sus composiciones. Por momentos reconozco cosas de Eduardo Mateo, si bien es un atrevimiento compararme con cualquiera de estos artistas, pero son cosas que surgen por haberlos escuchado. Me gusta que no hayan muchas notas en poco tiempo. Como trompetista, quien me inspiró fue Miles Davis, que con solo tres notas te hace algo increíble. Hay influencias con las cuales tengo contacto como el Tucuta (Ricardo) Soto, que es un gran músico uruguayo. Tuvo su banda en los noventa, y principios de la década del 2000, que se llamó “Los Ladyllones”, y hoy por hoy “Tucuta y Nyanzá”. Me gusta mucho la obra de Hugo y Osvaldo Fattoruso, aunque me cuesta encontrar cosas parecidas a lo que hace Hugo, porque es de otra galaxia. La murga es una fuente inspiradora para mí, un ejemplo de eso son los discos que grabó Jaime Roos con Falta y Resto y el Canario Luna. También me ha influido Opa, El Príncipe, la Música Popular  Brasilera, y el Jazz. Son todos ingredientes que indirectamente aparecen en lo que hago”.

LA COMPOSICIÓN

“Mi música viene disparada a partir de lo sonoro de la melodía y de la armonía. A veces surge caminando por la calle, y la bajo a tierra con la guitarra. La letra se va rellenando a partir de onomatopeyas y fonemas que aparecen con la melodía. Trato de ser sincero con la sensación que me evoca la música, y una vez que aparece una idea para escribir, tiro de esa piola”.

¿QUÉ DIFERENCIÓ AL PROCESO CREATIVO DE “BERRETÍN” CON EL QUE HABÍAS EXPERIMENTADO EN “COPETÍN”?

“Este proceso fue diferente en el sentido de que Copetín se grabó en 2012 pero incluye canciones que ya existían desde hace diez años atrás. Solamente compuse dos o tres canciones unos meses antes de grabar el disco. Hubo que redondear la idea, y elegir las canciones que iban, pero ya estaba bastante armado todo. En el caso de Berretín, se grabó en julio del año pasado, y en marzo ni tenía idea de que iba a grabar un disco.  Algo que tuvo en común con Copetín fue que como buen uruguayo, buscando de donde sacar plata para hacer este tipo de cosas, presenté el proyecto al FONAM a último momento, reuniendo cuatro o cinco ideas sin terminar. En ambos casos, eso sirvió de disparador para laburar los discos. Al otro día de que presenté el proyecto de Berretín, empecé a trabajar las canciones. También se dio que en abril del año pasado estaba bastante cómodo de tiempo, y me puse en período de pesca, predisponiéndome a que salieran cosas. Compuse todas las músicas en un mes y medio. En el período entre ambos discos no había compuesto mucho, porque no siento una presión para crear, sino que lo hago cuando tengo ganas.  Grabé los temas en casa para ir moldeando las ideas, y luego me contacté con dos socios que son Tato (Andrés) Bolognini y Rodrigo Calzada que también grabaron en Copetín. En junio metimos seis ensayos, y enseguida empezamos a grabar. La grabación fue bastante rápida para lo que se acostumbra. Lo grabamos en Pink Noise, con el capitanato de Martín Brizzolara que es un técnico espectacular, y socio fundamental en mis dos discos. Hay  veces que uno está tan adentro de la cuestión que se marea un poco, y está bueno tener un ida y vuelta con alguien. En ambos discos, esa persona fue Martín. Además fue el arquitecto de sonido en los dos trabajos, y agregó un componente estético muy importante”.

¿CÓMO TUVO LUGAR EL PROCESO DE SELECCIÓN DE LAS CANCIONES PARA “BERRETÍN”?

“En Berretín fue sencillo. Me propuse componer cierta cantidad de temas para grabar el disco. Mi proceso de selección se da en el momento de componer. Si no me gusta como vengo redondeando a la idea, no la considero”.

¿CON QUÉ SE VA A ENCONTRAR LA GENTE ESTE VIERNES?

“Este viernes se va a encontrar con un grupo de tremendos músicos uruguayos. Tengo la suerte de haber nacido en Uruguay, y estar en contacto con músicos increíbles que podrían estar tocando en otros lugares del mundo con los artistas más importantes y populares que uno puede llegar a admirar. Acá como es todo muy cercano, tenés la oportunidad de conocerte con gente, e incluso entablar una amistad y afinidad musical. No los voy a nombrar porque son 27. Son músicos que han sido muy importantes en los últimos 25 años de la Música Popular Uruguaya. Hay mucha diversidad de instrumentos; vientos, tambores, contrabajo  (contrabajo), cuerdas, violonchelo, coros murgueros y coros no murgueros, voces masculinas y femeninas, músicas instrumentales y cantadas”.

SI TU CARRERA ARTÍSTICA FUERA UNA FOTO, ¿QUÉ HABRÍA EN ELLA?

“Si fuera una foto, tendrían que aparecer mi padre y mi madre. También varios de los compañeros con los que he compartido y han sido influencias que me marcaron mucho como los Once Tiros, al igual que Felipe Castro, Damián Dewailly, Pa’ntrar en Calor. Mi compañera, Paulina, debería estar. Edén Iturrioz, que fue el primero que me invitó a salir en una murga. Dos hermanos musicales como los Bolognini, Tato y Santi, con quienes sigo tocando al día de hoy. Muchos músicos que conocí en la Escuela Universitaria de Música. En fin, tendría que aparecer mucha gente”.

¿HAY ALGO QUE TENGAS PENDIENTE EN TU CARRERA?


“Todo queda pendiente. Nunca va a terminar de haber cosas pendientes. Esto se trata de ir descubriendo cosas. Uno tiene una inquietud, y va detrás de ella, una vez que lograste lo que querías, pasás a tener otra inquietud. Me encantaría tocar con cualquiera de los músicos que te nombré. También viajar mucho, y conocer músicos en el exterior, pero ir y volver. No he viajado tanto, pero he estado algunos meses en otros lugares. Siempre uno estando acá dice “¡Qué lindo sería vivir en otro lado!”, pero después te das cuenta que extrañás algo que hay acá que no hay en ningún otro lugar. Ya el hecho de tocar con músicos uruguayos es una diferencia, porque hay una sensibilidad distinta. Además los géneros musicales que se tocan acá, son irreproducibles en otras partes del mundo. El lugar para vivir y hacer música es acá”.


MIRÁ EL SPOT PUBLICITARIO DEL SHOW DE ESTE VIERNES EN LA SALA "HUGO BALZO" DEL SODRE: