BERRUTTI TRÍO
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| De izquierda a derecha: Mauro Berrutti, Gabriel Berrutti, y Bruno Berrutti. |
Existe algo mucho más profundo que el talento y los dotes de
un artista; algo que va más allá y comprende a las innumerables historias y
páginas que acaban viéndose reflejadas en cada pedacito de su obra. En este
caso, el sonido de Berrutti Trío, tiene mucho que ver con esa profundidad,
porque desnuda lo que el artista es, en esencia. Cuando tres hermanos se
permiten compartir un proyecto musical dejándose llevar por el sentimiento de transitar
un camino juntos, brotan melodías, surgen versos, y nacen canciones. Mauro
Berrutti en violonchelo, Gabriel Berrutti en guitarra, y Bruno Berrutti en
percusión, dan vida a un formato minimalista que refleja esa sencillez de estar
recorriendo los confines de un hogar familiar.
¿CÓMO NACE “BERRUTTI TRÍO”?
MAURO: “El trío nace, cuando nace Bruno, que es el
integrante más pequeño. Se empieza a gestar la idea de tocar juntos. Él empezó tamborileando
alguna madera, primero, hasta que luego se consiguió un cajón peruano, y hoy
por hoy es el percusionista. De a poco nos fuimos vinculando a los
instrumentos. Primero fue a través de la guitarra, y cantando. Después se me
ocurrió tocar el violonchelo, y concretamente empezamos a hacer los temas
después de un viaje que realicé el año pasado por mucho tiempo, y nos
extrañamos mucho. Ahí sentimos la necesidad de ir plasmando esas ideas, que
habíamos compartido en esos momentos con la ayuda de la comunicación. Nos
vinculamos con un proyecto musical concreto. Si bien veníamos tocando siempre,
no había nada establecido. El impulso lo dio el hecho de saber que estamos
juntos, de nuevo en Uruguay, y que podemos tocar los tres, que es lo que
sabemos hacer mejor”.
¿CÓMO ATRAVIESAN EL PROCESO CREATIVO DE LAS CANCIONES?
BRUNO: “Gabriel compuso muchas de las canciones. Él desde
“Berruga”, la banda que teníamos antes, (en la que también estaba mi primo y
otro amigo), ya tenía la idea y el armado de los temas. Entonces al momento de
pasarlos al trío, y ensayar, casi que no nos hablábamos. Después empezamos a
tocar canciones que Mauro desde Checoslovaquia (risas), o algún otro lugar del
mundo, mandaba la letra a Gabriel para que hiciera la música. Recientemente
cuando a mí se me ocurría algo, se los mandaba a ellos para que hicieran los arreglos,
y participaran del armado con el violonchelo y la guitarra. En general, la
composición pasa en su mayoría por Gabriel, y yo he compuesto algunos temas.
Mauro participa mucho más en la labor de los arreglos con el violonchelo”.
MAURO: “Los tres arreglamos, y venimos de palos similares en
cuanto a la música popular, pero tenemos raíces de estudios académicos.
Entonces nos comunicamos con el mismo lenguaje. Alguno toma la posta al momento
de arreglar un tema, y dice “se me ocurrió esto”, y los demás lo aceptan, o lo
complementan. Hay una suerte de liderazgo compartido. El liderazgo es bueno
entendiéndose bien, porque organiza, y el resto acompaña esa idea, buscando
mejorarla. Esta forma de trabajar se va alimentando, y no nos desgasta tanto
como si uno fuera el que arreglara siempre. Es muy estimulante la idea de tocar
juntos con los temas que están componiendo ellos. Siendo el más grande, alguien
se imaginaría que ya hice un camino en la composición, y la verdad es que no.
Siempre me atrajo, pero nunca lo supe hacer. Entonces vivo con mucha alegría
que mis dos hermanos menores compongan canciones, y le digan cosas al mundo,
las cuales yo también quiero decir. Es una suerte tremenda”.
BRUNO: “Sí. Hay una cuestión de confiar en el otro también.
Si se me ocurre algo, sé que mis hermanos son como dos tutores. Uno, más
especializado en la composición (Gabriel), me va a decir si cometí algún error,
o sugerirme algo, y el otro me asesora en lo teórico (Mauro). Son dos personas
que escucho, porque si compongo o arreglo es porque he aprendido de ellos. Conozco todo lo que han hecho Mauro y Gabriel
en sus carreras como músicos, entonces si alguno de ellos toma la posta, me
entrego ciegamente a que lo que quieren transmitir va a estar bueno. Lo mismo
sucede cuando estamos tocando”.
GABRIEL: “Nos gusta mucho intercambiar las experiencias.
Bruno me cuenta cómo le surgió una canción, y una melodía. Yo también le
cuento. Nos imaginamos sonidos, y los grabamos para luego ponerles un texto. A
veces el texto es el que inspira una melodía, o surge todo desde un acorde en
la guitarra. O te despertás, y te empieza a sonar una melodía en la cabeza. A
Bruno le pasó que escuchaba un estadio cantando una melodía, que hoy forma
parte del estribillo de uno de los temas. Al momento de observar a nuestros
referentes, nos interesa saber cómo surgieron sus canciones, tanto a David,
nuestro primo, como a un músico profesional de los que suena en la radio, a
“Pitufo” (Edú Lombardo), o a Jaime Roos”.
¿CÓMO DEFINIRÍAN AL SONIDO DEL TRÍO?
GABRIEL: “El sonido es como un árbol viejo. Nos gusta una
variedad de sonidos y formatos, tanto sea con una guitarrita sola, cuatro
instrumentos enchufados, a Mauro le gustan mucho las orquestas sinfónicas en
las que hay cien instrumentos. Lo que logramos compactar en el trío es nuestra
raíz. Hay un poco de lo familiar también, y de la música que escuchábamos a
través de nuestros padres, la música folclórica, con aires flamencos, y árabes.
Ese sonido “madera” tiene que ver con esas primeras influencias, y con la
naturaleza. Todo eso intentamos plasmarlo en las canciones, y más que nada en
los arreglos. Es un sonido primario. Vamos a tocar con lo que tenemos, y muchas
veces sin enchufar. Es muy lindo lo que sucede, sobre todo en lugares chicos.
Hay mucha diferencia de volumen en comparación a un formato de batería, bajo y
guitarra”.
MAURO: “Voces y madera. Porque la voz es el primer
instrumento del ser humano. Fue lo que hizo sonar cuando se dio cuenta de que
podía comunicar. La madera fue algo muy cercano, porque estaba presente en la
naturaleza. Por eso, en nuestro caso el sonido serían las tres voces, y la
madera del cajón, la guitarra y el violonchelo. Hay una conexión con la tierra,
lo ancestral y remoto. A veces en lugar del cajón usamos pandeiro, o en
ocasiones son dos guitarras y el violonchelo. Tenemos que reducir lo que
soñamos incluyendo más instrumentos como el clarinete y la trompeta, y adaptar
nuestras ideas a este formato que es el que cargamos a cuestas, y tomamos de
una manera sencilla y económica (risas). A la gente le gusta que presentemos
algo mínimo, y sutil. Está buenísimo cómo se borra la frontera entre el artista
y el público cuando no hay nada enchufado. La gente enseguida se aprende el
estribillo, y si quiere lo puede cantar. Justo los tres venimos del palo de la
murga, que tiene como característica ese encuentro con la gente al bajar del
escenario”.
¿CUÁL HA SIDO LA RESPUESTA DEL PÚBLICO EN LOS DISTINTOS
TOQUES?
GABRIEL: “Fuimos a un liceo de Sauce en el que trabaja Mauro,
y tenemos la intención de seguir recorriendo centros educativos. Los tres somos
docentes de música. Nos gusta comunicarnos con gurises que podrían ser nuestros
alumnos a través de las canciones. Tocamos en un pasillo del liceo sin
enchufar, había que cantar o cantar. Por lo general cuando cantamos con
micrófonos, la mirada se pierde en la jirafa, pero en este toque tuve que mirar
a la cara a toda la gente, y a Mauro y Bruno les pasó lo mismo. Encontramos
mucha calidez en esa simpleza del formato acústico. Al público le encantó el
trío, al punto que al otro día los alumnos de Mauro le pidieron para empezar a ensayar
uno de nuestros temas con el coro liceal. Aprendieron el estribillo de uno de
los temas, y fue divino. Es increíble lo que sucede cuando se canta
colectivamente. La voz es muy particular, y al estar integrada al cuerpo,
genera cosas que no genera ningún otro instrumento. Hemos tocado en centros
culturales donde se genera esa magia que no se da en otros lados, y ese acercamiento
con la gente”.
BRUNO: “Nos interesa ir por lugares donde lo que ofrecemos
es compatible. Liceos, centros culturales, recorrer el interior del país
también. Cantar para doscientas, cincuenta o cuatro personas”.
¿MANEJAN LA IDEA DE GRABAR UN DISCO EN ALGÚN MOMENTO?
GABRIEL: “Desde que hago canciones está la idea en mi cabeza
de grabar un disco con todos los sonidos. Que haya murga, una guitarra
eléctrica, batería, etc. Pero también está la idea de grabar un disco con el
sonido del trío, y probablemente sea en vivo porque es parte de la gracia. Lo
minimalista tiene un encanto en vivo, que si te enchufás los auriculares se pierde
un poco. Vamos a tratar de que esté grabado el sonido del trío en algún CD, o
DVD. Estamos grabando dos canciones, y tenemos intención de grabar alguna más.
Queremos difundirlas por internet para que la gente tenga acceso, y no tenga que
esperar a que haya un toque”.
MAURO: “El hecho de grabar un disco, a uno lo deja para la
posteridad. Por una cuestión de necesidad, tenemos un proyecto más cortito que
es armar una maqueta, para poder compartir lo que hacemos de una forma un
poquito más profesional. Vemos al disco como una herramienta de promoción. Si
hoy lo tuviéramos, lo compartiríamos en forma gratuita. Sería un gusto que en
algún momento nos vamos a dar, pero que requiere tiempo y esfuerzo económico.
Ya le vamos a buscar un lugar a eso”.
SI “BERRUTTI TRÍO” FUERA UNA FOTO, ¿CUÁL SERÍA?
MAURO: “El trío para nosotros es Canelón Chico. Fue una
etapa de mucho crecimiento para los tres. Tuvimos la suerte de vivir tres años
en el campo. Si bien somos seres de ciudad, eso nos abrió una perspectiva de
cómo vive la gente. El trío busca esa simplicidad que se relaciona con vivir
felices en Canelón Chico”.
BRUNO: “La foto sería en lo de la abuela “Cacha”. Que
estábamos los tres, y habían tíos, papá, mamá, y abuelos cantando. Ahí más que
Berrutti Trío había Berrutti sexteto, u octeto (risas). En ese momento, Mauro
era el único que tocaba de nosotros tres”.
GABRIEL: “Hasta ahora recordamos felizmente a Canelón Chico.
Había pastito, y lugar para correr. Ahí empieza el hecho de conectarnos con la
naturaleza. La otra vuelta fui a la casa de Mauro, que vive allí, y me sentí
como en mi hábitat natural. Tal es así que compuse una canción. Bruno y yo de
chicos no cantábamos, apenas agarrábamos la guitarra, pero no sabíamos los
acordes. Mauro cantaba y tocaba la guitarra, y los domingos era sagrado hacer
una guitarreada después de comer en la casa de la abuela. Mi padre, y el tío “Lito”
eran los protagonistas. Después había primos en la vuelta. Hay una foto con la
abuela “Cacha” que el otro día la usamos para promocionar un toque. Eso es
Berrutti Trío”.

