viernes, 7 de septiembre de 2018


TABARÉ CARDOZO




El arte es increíblemente transformador. No solamente genera tantas interpretaciones como sensaciones en quien lo recibe, si no que los artistas, quizás sin darse cuenta, en ese paso del tiempo inalterable transitando su camino, van acumulando experiencias que los transforman. Se da un ida y vuelta constante en el que las creaciones son las principales protagonistas. Tal es así que existen personas que comienzan a brindar su arte desde una edad muy temprana, seducidos por esa inquietud de entregarse y vibrar haciendo lo que más les gusta. Desde una casa en el barrio montevideano del Buceo empezaron a sonar melodías que rebotaron por las paredes y fueron solo el puntapié inicial para que hoy Tabaré Cardozo, a sus 47 años, continúe permitiéndose la oportunidad de regalar lo que  su corazón tiene para ofrecer. Las canciones son un puente, y son como fotos de distintos momentos de su vida, pero esa chispa interminable que se enciende desde su amor por el arte trasciende toda obra, trayendo un nuevo disco bajo su manga, y entrevistas como esta.

¿CUÁLES SON TUS PRIMEROS RECUERDOS MUSICALES?


“Mis primeros recuerdos son los de la música familiar. Pasé toda mi infancia en plena dictadura, entonces había muchos discos de bandas y cantantes que estaban prohibidos. Por suerte mi abuelo había encanutado muchos discos de música nacional y latinoamericana. En algún momento descubrí ese tesoro y lo empecé a escuchar bajo recomendaciones serias de que no lo hiciera a un volumen alto porque si los vecinos escuchaban, te denunciaban y venían los botones a allanarte la casa. Cualquier vecino era potencial buchón. De niño no tenía muy clara a esa situación pero sabía que había órdenes que tenía que respetar.  Entre otras cosas escuché el disco de murga La Soberana de 1970. Ahí empecé a entender que se podía jugar con las palabras y el concepto del humor cantado. Un ejemplo era el cuplé de La Computadora que jugaba con la palabra Tupa apareciendo muchas veces. En mi casa sabíamos que esa palabra no se podía decir, y descubrí que ahí había una semilla muy grande de libertad. Vos de cierta manera podías decir lo que no se podía decir y vencer a la autoridad. Ese fue el primer acercamiento que tuve con la murga. Después en casa había discos de Los Beatles y de folclore argentino. Luego de que mi viejo salió de la cana, recuerdo haberlo escuchado cantando con su guitarra. Siempre digo que tengo que agradecerle la vocación musical a la UTE porque cada vez que había un apagón, mi viejo agarraba la guitarra, prendía un farol a mantilla y nos poníamos a cantar con él. Su selección musical era muy buena. Con el tiempo me di cuenta de que él no cantaba cualquier cosa. Ahí aprendí que las canciones que uno escuchaba en los discos se podían hacer caseramente.  Empecé a mirarle los dedos para ver cómo los ponía, y cuando mi viejo se iba a laburar yo le agarraba la guitarra y trataba de sacarle el sonido. Esa fue mi primera escuela”.

LOS DRACULATECAS

"Empecé a componer con Los Draculatecas que era la murga de niños que integraba. En los primeros dos años de la murga eran algunos familiares los que se encargaban de las letras. Luego empezamos a hacerlo todo nosotros mismos. Técnicamente no eran canciones, pero hacíamos cuplés, presentaciones y despedidas. Íbamos a los tablados para ver qué hacían las murgas y tratábamos de copiarles el formato. Caíamos al tablado a las 6 o 7 de la tarde antes de que abriera, y hablábamos con el dueño o los encargados. En general actuábamos al principio, que era una cagada porque recién estaba llegando la gente y nos prenderían solo los retornos (risas), pero después empezaron a ver que a la gente le gustaba y se empezaron a sorprender. Veían que los espectáculos tenían cierta coherencia y que aparte estaba el negro Aldo que era un niño muy crá, talentoso y gracioso. La gente se cagaba de la risa porque él bajaba a la platea, subía, hacía los cuplés, etc. Entonces en los tablados nos metían cada vez con más confianza entre murga y murga. Desde chicos empezamos a foguearnos con el público. Cuando éramos adolescentes ya teníamos tremenda confianza en lo que hacíamos. El negro se movía como pez en el agua en lo que hacía y se metía a la gente en el bolsillo siendo un niño. Compuse bastante para la murga”.

VOLVER AL PUNTO DE PARTIDA

“Después siendo adolescente armé una banda de Rock con unos compañeros de clase del liceo. En esa época había vuelto la democracia y fue como el resurgir del Rock. Me acuerdo que empecé a curtir Psiglo, Heavy Metal, Rock español, Punk. Escuchaba discos de Varón Rojo, Venom, Iron Maiden, AC/DC, Black Sabbath, etc. Eso me cambió la cabeza. La banda se llamaba Ozono. En la vuelta se hablaba del tema de la capa de ozono, y nosotros le pusimos ese nombre sin saber bien de que se trataba de un desastre ecológico (risas). Queríamos ponerle un nombre con algo que estuviera de moda, pero no había ninguna conciencia ecológica. Hicimos un logo que permitía que el nombre se leyera al derecho y al revés. Esas cosas de adolescente. Hicimos unas cuantas canciones y las grabamos en un ensayo. En 2016 se cumplieron 30 años de la formación y fundición de la banda porque ni bien se fundó, se fundió. Después de mí hubo otro vocalista, la banda siguió un año más y se desarmó. El batero de la banda que había salido en Los Draculatecas y que después salió conmigo en Curtidores de Hongos y Falta y Resto, me trajo un cassette con esa grabación y la escuché. Increíblemente una de las canciones tenía una melodía que estaba buenísima. Se llamaba vejentud,  y decía que los jóvenes estaban avejentados y que había que salir de la represión. Como la melodía y el riff de guitarra de esa canción estaban muy buenos, le cambié la letra e hice una canción que se llama Cállense, que está en mi último disco Libre Pensador. La letra no tiene nada que ver con lo que decía la antigua canción pero sí con su entorno, es decir, con los pibes que ahora son viejos como yo y habíamos armado esa banda. No sé si eso tiene un valor artístico por sí mismo, pero me hace bien aferrarme a ese punto de partida porque me hace saber dónde está el centro. Es muy fácil perder el centro cuando se expande tanto todo. Alguien dijo que te das cuenta que sos famoso cuando te saluda gente que no conocés, y la que conocés no te saluda. Por ejemplo me ayuda mucho el haberme vuelto a juntar a ensayar hace poco con los pibes de Los Draculatecas. También armamos un grupo de WhatsApp con los pibes de Ozono. Son giladas, pero es gente que me conoce a mí y que yo los conozco. Me acuerdo de sus familias y ellos de la mía. Hasta recuerdan cosas de mí que ya olvidé. Me llevan a una parte de mi personalidad que la fui borrando sin querer, porque el personaje público te va comiendo tu historia”.


“UNO ES LO QUE CREE QUE ES”


“Cuando pasás de la vocación a la profesión  te empiezan a pasar otras cosas por dentro.  Hay momentos en los que odiás esa profesión por más que te guste, y ahí es cuando tenés que buscar ese centro que perdiste y recordar por qué hacías lo que hacías. Hay que volver a ese concepto de ver a la música como un juego. Los músicos son niños eternos, por eso vos ves al negro (Ruben) Rada o a Mick Jagger y no parece que tuvieran 70 y pico de años. Uno es lo que cree que es. Vos podés tener muchos  años, pero si ves en el espejo a un joven, vas a ser joven. La ancianidad es el paso del tiempo, pero el espíritu es la construcción de lo que uno cree que es. Hay cosas que no podés cambiar,  como que se te caiga el pelo, uses lentes, te quedes sordo, pero otras sí”.

¿EN QUÉ MOMENTO PASASTE DE LA VOCACIÓN A LA PROFESIÓN?

“Tuvo como varias aristas. Todo fue gradual. Tuve varias vocaciones e inquietudes. Aparte de la música, hacía teatro y escribía mis obras. La primera vez que alguien me reconoció algo fue justamente en Teatro Joven. Estuve en dos grupos de teatro: Los Cardozo Brothers con mis hermanos, y un grupo de teatro cómico que se llamaba La Bomba compuesto por un compañero que había salido conmigo en Los Draculatecas y dos compañeras más. Con esas dos compañías independientes de teatro llegamos a ganar el concurso de Teatro joven. Recibimos distinciones como la de mejor trabajo dramatúrgico, etc. Estaba buenísimo el hecho de hacer algo que habíamos ensayado y que la gente se cagara de risa. No habíamos estudiado nada. Yo había estudiado teatro  solamente dos años con Graciela Pittaluga. Lo hice de rebote porque tenía un tío que era cantante de tango y era el cantor de una obra de teatro. Él ensayaba a la vuelta de casa y yo iba a verlo. Un día faltó un actor y no sabían qué hacer. La  directora de la obra le preguntó a mi tío si yo encaraba para actuar. Y él le dijo que yo era actor. Con eso me tiró el centro y me dieron el texto para que lo leyera. Después de que lo leí, levanté la cabeza y el resto del grupo estaba aplaudiendo. Quedé en la compañía y a partir de eso empecé a aprender sobre la marcha. Los actores me iban tirando piques, pero la forma de aprender siempre fue esa. Traté de volcar todo lo que sabía en las dos compañías que te nombré antes. El teatro fue el primer mojón que marcó algo más o menos profesional en mi carrera. A raíz de eso en 1998, el gallego (Enrique) Vidal que era uno de los organizadores de esa movida joven me recomendó para escribir  en la murga Contrafarsa. Como antes de eso ya había salido en Falta y Resto, les dijo “Este pibe salió en murga y además escribe cosas cómicas para teatro”. Con Contrafarsa ganamos el Concurso Oficial en ese año. Fue el año en el que escribí Las Chusmetas y El Masoquista.  Las puntas (presentación y retirada) eran escritas por Álvaro García, que me acuerdo que me ayudó muchísimo a dominar algunos códigos. Al año siguiente gané el premio Víctor Soliño con el cuplé Doña Identidad. Todo eso me iba insertando en el circuito. Me daba cuenta de que lo que a mí me gustaba también le gustaba a la gente. A raíz de todos esos premios en carnaval que tenían relevancia por lo económico también, dejé el laburo y me dediqué a lo artístico. Esa era la época en la que estaba arrancando con mi proyecto solista. Ahí abandoné definitivamente al amateurismo”.


EL PROCESO DE ESCRIBIR


“Me ha pasado de todo. En 2002, al venir la crisis tuve que escribir para un montón de conjuntos de carnaval porque había largado el laburo. Entre Yamandú (Cardozo) y yo, ese año escribimos para 4 murgas, una Sociedad de Negros y Lubolos, un grupo de humoristas, un grupo de revistas, etc. Era una locura. Escribir a pedido te sirve como ejercicio pero es antinatural. Cuando he tenido la oportunidad de escribir para mis proyectos, en el momento en el que estás creando, estás creando con cero censura. Después de esa catarata de cosas que escribo me pongo en modo crítico, y leo todo como si lo hubiese escrito otro. Lo que descarto, no lo tiro. La papelera de reciclaje siempre queda ahí. A veces hay ideas que son buenas, pero no le encontrás la vuelta de cómo realizarlas, o realizaciones que son buenas pero la idea madre es una porquería. De todas firmas guardo todo. El proceso creativo fue mutando porque he ido incorporando cosas. De a poco fui abriendo la cabeza a escuchar otros géneros musicales, y después vino la parte compositiva y el hecho de empezar a armar canciones. Siempre mantuve el mismo mecanismo de no censurarme y luego ser despiadado y empezar a borrar”.


¿QUIÉNES SON TUS REFERENTES MUSICALES?


“Tengo como tres categorías: La música que me gusta, los ídolos que tengo y la música a la que me parezco. El tango es algo que me influenció muchísimo y no es algo que yo detecte. Al escuchar mi propia música me doy cuenta que uso palabras que son bien del lunfardo que se usa en tangos, o el tipo de estructura que tienen algunas canciones mías es similar al de ese género. También por el tipo de melodías. De hecho el género de murga canción es una mezcla de tango con candombe. Agarrás un tango y lo candombeás y ya tenés una canción de murga. Queda perfecto además. Tuve la oportunidad de conocer a muchos de mis ídolos  como el Canario (Washington) Luna y que cante canciones mías, como El Sabalero (José Carbajal), que para mí el tipo por sus letras es el mayor poeta del Uruguay. Lamentablemente no pude conocer a (Alfredo) Zitarrosa, pero sí a (Eduardo) Darnauchans, que me dio recontra pa’ adelante cuando yo era un pibe. Es más, yo tenía unos 17 años y fui a  cantar mis canciones a un beneficio en Malvín. De repente miro y estaba el Darno (Darnauchans) entre el público. Yo vi que en el cartel decía que iba a estar él, pero pensé que no iba a llegar nunca, porque eso se estilaba aparte (risas). Pensé “¡Qué vergüenza! ¡Yo encima cantando esta porquería! Él escuchaba atento. Al lado tenía a gente que le hablaba, pero él solo les decía que sí porque quería hacer el esfuerzo de escuchar. Yo quería que por favor esa persona le hablara y que él no escuche la letra. Después dije al micrófono “Un aplauso para Darnauchans que está esperando y no lo voy a hacer esperar más”. Me levanté, agradecí al público y me fui. Me acuerdo que me fui como por un pasillo medio oculto que estaba atrás del escenario para no cruzarme con Darnauchans. Cuando voy a dar la vuelta por ese pasillo había una puerta trancada, la abro y me doy de frente con el Darno. Enseguida me dijo: “¡Hermanito, dame un abrazo, te felicito! Es buenísimo lo que hacés, por favor mostrate y que te vean!”. Y a mí me daba vergüenza que me estuviera felicitando. Otros referentes son (Fernando) Cabrera, con el que tuve la oportunidad de cantar en “Malandra” en el tema Brujos y Científicos. (Jorge) Drexler también me dio para adelante cuando yo tenía una banda con los hermanos Ibarburu allá por los años 90. Fuimos a tocar a un boliche que se llamaba Laberinto y él fue a ver a los Ibarburu porque eran amigos de Daniel, su hermano. Me acuerdo que me felicitó por una canción en especial que hoy la miro y me doy cuenta que tenía muchas carencias, pero bueno, años después terminé grabando con él también. Nunca le mencioné sobre esa noche porque ni se debe acordar de ese suceso (risas)". 


“EL EJE DONDE PINCHA EL COMPÁS”


“Me pasó algo también con Omar Romano que es el que inventó el género de murga canción. Él juntó a un grupo de murguistas en los años 70’ y formó Los del Altillo. Ese grupo estaba compuesto por coro y batería de murga y él cantaba sus canciones con la guitarra. También cantaba los temas que hoy se conocen como clásicos de murga. Hasta ese momento nadie había grabado clásicos. Dentro de sus canciones había una que se llamaba El Farolito que era su hit. Él era el artista del momento. Yo vivía en el Buceo, y al lado de casa vivía un vecino que se llamaba Enrique. Su hijo cumplía años y él como tenía muchos contactos llevó a su casa a Omar Romano. En un momento del cumpleaños se puso a cantar y para mí era como tener al Canario Luna. Cuando arrancó a cantar El Farolito nos pusimos a acompañarlo con unos amigos y le hacíamos los contracantos. ¡El loco no lo podía creeer! ¡Éramos unas ratitas! Después nos firmó autógrafos y nos invitó a ir a su casa cuando quisiéramos. Luego él se fue del país y dejó de cantar por un largo tiempo. Por el año 2006 o 2007 fui a cantar con la banda a la Semana de la Cerveza en Paysandú. Estábamos haciendo la prueba de sonido y llegó alguien de la organización y me dijo: "hay alguien que quiere hablar contigo”. Se me arrima un veterano y me dice: “Cardozo, permítame estrecharle la mano, ¡lo felicito!, ¡Es espectacular lo que usted hace! Es importante que la murga canción se mantenga viva”. Le agradecí, pero pensaba “Capaz que este hombre es alguien conocido y yo ni me doy cuenta de quién es”.  Le dije:  “usted veo qué domina el paño”, porque me hablaba de cuestiones técnicas también. Me respondió que él tenía una banda similar a la mía que hacía murga canción hace muchos años, pero que yo era muy joven y no me iba a acordar, y que su nombre era Omar Romano. Ahí dije “¡Pahhh!” Y le entré a cantar sus canciones. Lo invité a cantar conmigo en ese show pero al final no pudimos hacer algo juntos. Igual quedamos en contacto. Son esas cosas lindas que hacen que tengas un punto de contacto con esa vuelta al eje donde pincha el compás. Eso tiene un valor artístico pero también personal y afectivo. Después hay gente con la que no he podido cerrar el círculo como por ejemplo Daniel Viglietti, con quien no pude grabar nada, más allá de haber cantado juntos en vivo. Sí lo pude cerrar con gente del rock como Gabriel Peluffo”.


¿QUÉ ES LO QUE MÁS DISFRUTÁS DE TUS SHOWS?

“Disfruto cuando está todo bien ensayado y sale todo de memoria. Sufro mucho los estrenos porque estoy corriendo todo el día, algo que le pasa a todos los músicos. Aparte de mi proyecto tengo a La Catalina, y la manejo, soy su chofer. Entonces tengo que estar arriba de la murga. Volviendo a la banda, hace poco presentamos el último disco Libre Pensador. Hicimos 12 ensayos y en ninguno pudimos estar todos. Cuando podía uno, no podía el otro. Llegamos con todo ensayado al (teatro) Solís, pero recién estuvimos todos el día anterior en el ensayo general. Salió todo perfecto porque los músicos son unos crá, pero en realidad hubiese estado bueno hacer 30 ensayos con toda la banda completa. Yo pago los ensayos y les cubro el viático a los músicos, pero me gustaría pagarles un caché por ensayo, y tener una sala para ensayar. Me acuerdo que cuando en el 95’ desarmé la banda que tenía con los Ibarburu, ellos se fueron a tocar con Fito Páez, y él les pagaba un caché importante por mes. Ellos cobraban una plata fija. Eso es lo que tendría que  hacer con mi banda. Tendría que tener una sala de ensayos y no andar alquilando y esperando que haya lugar. Me reporta mucho cansancio el hecho de no poder hacer las cosas como me gustaría hacerlas. Entonces llego cansado a los shows y como estoy cada vez más viejo me voy olvidando de algunas letras. Después que está todo rodando y hay que cantar las canciones que me sé de memoria, pongo el piloto automático y me dedico a disfrutar como si estuviera en la platea. Otra cosa que me limita mucho es el estado de la garganta porque estoy todo el tiempo sometiéndola con la murga, viajando con aire acondicionado, etc. A veces viajando te ponen la calefacción y te sacás el abrigo pero después te despertás y estás cagado de frío, llegás y cantás a veces sin dormir. Entonces estás con la garganta hecha mierda todo el tiempo y eso te quita disfrute. Cualquier cantante se cuida y una semana antes de cantar, achica. Yo no puedo darme ese lujo. El concierto del (teatro) Solís que está grabado y figura en Internet, por ejemplo, lo hice recién llegado de Cuba. La banda había ensayado sin mí. Llegué e hicimos el show en 3 días consecutivos, y el que  grabamos fue el del tercer día. Imaginate la mancadera que traía. Hay partes de canciones de ese show que están desafinadas y no hay arreglo. Si tenés que jugar quebrado, jugás quebrado. Uno sabe dónde está su punto de esplendor, y ojo que no soy (Luciano) Pavarotti tampoco, pero uno se tiene fe. No soy un cantante, sino un compositor y cantautor. Canto mis canciones medianamente bien, pero herido es más complicado. Claro que eso pasa en la menor cantidad de veces, pero tenés que ligar. A veces hay shows en los que cantás fenómeno y nadie tiene que retocar nada, pero no se graban”. 


¿QUÉ SIGNIFICADO TIENE LA MÚSICA PARA VOS?

“La música es un espacio de libertad a través del que respondés preguntas que te hacés a vos mismo y a la vez proponés preguntas nuevas. El arte es un medio de elevar la conciencia y el ser. Es la creación de un mundo en el cual tenés el mando, no para subyugar a otras personas, sino que me refiero al mando de la creación a partir de la imaginación. Uno no sabe por qué nació, ni cuándo se va a morir. Estamos en una realidad en la que todas las noches nos apagamos y luego se nos prende automáticamente la llave al otro día. Cambiamos de dimensión y no sabemos en dónde estamos. Tenemos un pie en una cáscara de banana y otro en un skate. Sin embargo nos armamos una realidad para poder llevarla pero es angustiante. El arte no resuelve a esa angustia pero sí la plantea, y por otro lado crea una realidad en la que todo tiene sentido. Por un momento jugás a ser dios, a la creación. A veces esa creación es compartida. Esa creación no implica que seas un todopoderoso, pero sí decidís sobre algo que estás armando como un juego. Tenés ese marco de creación en el que armás algo con un principio y un fin. Esa chispa creadora es la que nos mueve a todos los artistas aunque no nos demos cuenta. Lo otro es la posibilidad de hacer eso libremente. Me crié en una época en la que no se podía hacer nada, entonces al tener gradualmente esa libertad me he permitido disfrutarla. Ejerzo esa libertad y la comparto con otras personas. En el caso de la murga, por ejemplo, no son títeres que cumplen órdenes, si no que cada uno vuelca su creatividad y entre todos vamos armando ese mundo. Somos una cooperativa y todos tenemos el mando”.

 “EL ARTE RECOMPONE EL TEJIDO QUE ESTÁ ROTO”

“Además de tener que lidiar con tus propios demonios, tenés que  adaptarte a la sociedad en la que vivís, que en general está bravísima la convivencia con las demás personas. Desde que sos chico el mundo te empieza llevando a su ritmo, con su lógica. Vos por ejemplo en un cuplé, o en un sketch cómico podés agarrar cosas mínimas de la realidad, exponiéndolas de manera que todos nos sentimos identificados con ellas y nos reímos. Entonces desde la murga hacemos como un bullying correctivo. Y no es ir por ahí educando a las personas si no que se da esa catarsis de darnos cuenta de las cosas que hacemos y que pasan. Volcás todo eso en un tablado y la gente se caga de risa, entonces todo ese puente de empatía que está roto en el día a día cuando cada uno hace la suya, se une en el tablado o en un show de Stand Up. El arte recompone el tejido que está roto, y el humor es una gran herramienta para eso. Porque si vos te parás en el medio de la calle y empezás a tirar las verdades así nomás, nadie te va a dar pelota, pero si lo hacés de forma chistosa es distinto”. 


¿QUÉ COSAS TE QUEDAN PENDIENTES EN TU CARRERA ARTÍSTICA?

“Es difícil relatar el partido mientras se juega. Pero pienso que lo que quería hacer, lo hice. Lo que tenía para decir, lo dije. Me queda reconstruir  a nivel personal toda una cantidad de cosas. Mirando mi vida me he dado cuenta de las distintas formas de pensar que he ido teniendo conforme ha pasado el tiempo. Hay cosas con las que comulgo, y otras cosas con las que ya rompí y no pienso más de esa manera. Entonces hay que construirse de todo eso sin juzgar lo que haya pensado antes. Por ejemplo, yo respeto al cuplé de Doña Identidad,  en ese momento era lo que tenía para decir. Hoy ya no estoy tan de acuerdo con los paradigmas que planteaba. Hoy por hoy es imposible hacer el cuplé de La Travesaña porque es una discriminación tremenda. Yo entiendo la coyuntura y quiénes éramos nosotros, pero hoy por hoy eso no se puede hacer. El cuplé de Los Jóvenes Blancos tenía partes que eran maravillosas, pero otras que eran un poco  duras y había un palo innecesario.  Como izquierdista, ahora que la izquierda ha sido gobierno y se ha enfrentado con cosas que no ha podido resolver, te das cuenta que no era tan fácil. Todo me ha hecho cambiar la cabeza. Lo que tengo pendiente es seguir reseteando y actualizándome para poder ser un anciano con espíritu joven. Antes si tenía que hacer una caricatura mía, me veía como un niño que señalaba a todo el mundo con un dedo gigante. De a poco ese dedo ha ido girando y ahora cada vez más me señalo a mí mismo. Hay una frase de No Te Va Gustar que dice “Vos sabés señalar pero esperá a que te vean”. Entonces,  ¿quién soy yo para andar señalando?  A medida que fui creciendo, me fui dando cuenta de eso y espero poder seguir desarmando mi cabeza”.


¿CUÁLES SON TUS PROYECTOS VENIDEROS?


“Recientemente grabé el disco Libre Pensador y lo presenté en Uruguay y Argentina. Voy a escribir el nuevo espectáculo de la murga para el Carnaval 2019. Hace poco hicimos el espectáculo 15 +2 que acá fue un éxito y lo vamos a presentar en Argentina. Y luego en el resto de 2019 pienso seguir presentando mi último disco. Pretendo seguir vinculándome con artistas como ha pasado con León Gieco, Los Tipitos, Soledad Pastorutti, Abel Pintos, Bersuit Vergarabat, etc. Y también poder compartir con otros músicos de acá con los que no he tenido la chance aún. Sobre todo nutrirme de músicos de distintos palos”.


SI TU CARRERA FUERA UNA FOTO, ¿QUÉ HABRÍA EN ELLA?

“Me gustaría que la foto fuera muy grande porque tendría que entrar mucha cantidad de gente, como por ejemplo todos los músicos con los que he compartido cosas. Armar como un collage. Sería un mural como el de Los Simpson en el que están todos los personajes. Capaz que habría como 500 personas de todas las partes del mundo y de todos los palos haciendo un mega We are the World (risas)”. 

ESCUCHÁ LA LEY DE NEWTON, UNA DE LAS CANCIONES DEL NUEVO DISCO LIBRE PENSADOR: