miércoles, 22 de marzo de 2017

LUCAS LESSA





Luego de tanto fascinarse con la música del legendario cuarteto británico “The Beatles” en los confines de su hogar, tuvo el loco berretín de comenzar a adentrarse en “esta aventura de la música”. Luego llegarían Jaime Roos, Rúben Rada, Eduardo Mateo, y la magia de Miles Davis que lo motivó a estudiar trompeta, y cual dominó, las fichas fueron cayendo junto con las oportunidades, transformándose en trompetista y uno de los compositores musicales de la banda “Once Tiros”, la cual “representó un mojón muy grande”.  Incursionó en la murga “Falta y Resto”, y actualmente integra la banda “Pa’ntrar en Calor”, proyecto con el cual convive su carrera solista que cuenta con dos discos; “Copetín” (2012), y “Berretín” (2016). En estos trabajos ha podido plasmar su música con total honestidad, manejando los criterios, y dando lugar a su verdadera identidad como músico. Este viernes 24 de marzo, desde las 21 horas, presentará su último álbum acompañado por un total de veintisiete músicos en la Sala Hugo Balzo del Sodre. Las entradas están a la venta a través de Tickantel.


¿CÓMO EMPEZASTE A VINCULARTE CON LA MÚSICA?

“Mi madre era “Beatlera”. Me gustaba mucho “Canciones para no dormir la Siesta”, porque iba a un jardín de infantes en el que el profesor era Gonzalo Moreira, que había sido integrante del grupo junto al Corto (Horacio) Buscaglia, y el Choncho (Jorge) Lazaroff, entre otros. Emanaban sensibilidad y mucha información de la música uruguaya que a la larga te termina marcando. Sobre la adolescencia conocí la música de Jaime Roos , Rúben Rada, y Eduardo Mateo. Mis gustos musicales pasan por ahí. Me acuerdo que le insistí a mi madre con que quería comprarme una guitarra. A los quince años tuve mi primer guitarra.  De ahí en más arrancó mi proceso musical con algunas bandas en la adolescencia con las que hacíamos covers. Luego pasó algo importante que fue el haber juntado plata a raíz de un laburo, y con ese dinero me compré una trompeta. Eso me abrió algunas puertas.  Así conocí a unos amigos que estaban en proceso de formación  de “Once Tiros”, y eso representó un mojón para animarme a esta aventura de la música. Paralelamente me anoté en la Escuela Universitaria de Música para empezar a estudiar trompeta. Ahí se me abrió un abanico de cosas para conocer distintas aristas de la música, estudiar, y además vincularme con otros músicos que también iban a la escuela. Toda esa olla fue lo que me puso en este camino”.

¿EN QUÉ MOMENTO COMENZASTE A CONCEBIR LA IDEA DE SACAR TU PRIMER DISCO?

“Luego de empezar a tocar la guitarra, no tardé mucho tiempo para que empezaran a caer ideas musicales. Capaz que al principio ni medaba cuenta de que estaba creando. El hecho de crear tiene que ver mucho con las influencias que uno tiene, y la información que uno toma inconscientemente que se entremezcla en una olla con tus sensaciones y tu realidad, y te deriva en una emoción que se traduce en música. A los quince años empecé a armar mis primeras ideas. A los dieciocho, grabé un cassete. Al principio grababa lo que armaba simplemente con guitarra y voz en la grabadora, y luego empecé a grabar con un porta estudio de cuatro canales que tenía un amigo. Más adelante compuse para Once Tiros, y durante muchos años aporté a proyectos colectivos. Lo mismo sucedió con Pa’ntrar en Calor. En 2005 Conocí a Felipe Castro y al Ratón (Gastón) Angiolini. A Damián Dewailly ya lo conocía de la Escuela Universitaria de Música. Paralelamente a estos proyectos, siempre tuve mis canciones metidas en el freezer, porque no cuajaban con el estilo de lo que hacían ambas bandas. En 2012 dije: “Ta, voy a hacer un disco”.

¿QUIÉNES SON TUS REFERENTES MUSICALES? ¿EN QUIÉN TE ENCONTRÁS AL MOMENTO DE COMPONER?

“A veces me salen cosas que son muy “Beatleras”. Me gusta más lo simple y lo lindo, más allá de lo subjetivo de esta última palabra. Sin dudas que Jaime Roos y Ruben Rada son dos referentes también. Ellos tienen una gran complejidad en sus composiciones. Por momentos reconozco cosas de Eduardo Mateo, si bien es un atrevimiento compararme con cualquiera de estos artistas, pero son cosas que surgen por haberlos escuchado. Me gusta que no hayan muchas notas en poco tiempo. Como trompetista, quien me inspiró fue Miles Davis, que con solo tres notas te hace algo increíble. Hay influencias con las cuales tengo contacto como el Tucuta (Ricardo) Soto, que es un gran músico uruguayo. Tuvo su banda en los noventa, y principios de la década del 2000, que se llamó “Los Ladyllones”, y hoy por hoy “Tucuta y Nyanzá”. Me gusta mucho la obra de Hugo y Osvaldo Fattoruso, aunque me cuesta encontrar cosas parecidas a lo que hace Hugo, porque es de otra galaxia. La murga es una fuente inspiradora para mí, un ejemplo de eso son los discos que grabó Jaime Roos con Falta y Resto y el Canario Luna. También me ha influido Opa, El Príncipe, la Música Popular  Brasilera, y el Jazz. Son todos ingredientes que indirectamente aparecen en lo que hago”.

LA COMPOSICIÓN

“Mi música viene disparada a partir de lo sonoro de la melodía y de la armonía. A veces surge caminando por la calle, y la bajo a tierra con la guitarra. La letra se va rellenando a partir de onomatopeyas y fonemas que aparecen con la melodía. Trato de ser sincero con la sensación que me evoca la música, y una vez que aparece una idea para escribir, tiro de esa piola”.

¿QUÉ DIFERENCIÓ AL PROCESO CREATIVO DE “BERRETÍN” CON EL QUE HABÍAS EXPERIMENTADO EN “COPETÍN”?

“Este proceso fue diferente en el sentido de que Copetín se grabó en 2012 pero incluye canciones que ya existían desde hace diez años atrás. Solamente compuse dos o tres canciones unos meses antes de grabar el disco. Hubo que redondear la idea, y elegir las canciones que iban, pero ya estaba bastante armado todo. En el caso de Berretín, se grabó en julio del año pasado, y en marzo ni tenía idea de que iba a grabar un disco.  Algo que tuvo en común con Copetín fue que como buen uruguayo, buscando de donde sacar plata para hacer este tipo de cosas, presenté el proyecto al FONAM a último momento, reuniendo cuatro o cinco ideas sin terminar. En ambos casos, eso sirvió de disparador para laburar los discos. Al otro día de que presenté el proyecto de Berretín, empecé a trabajar las canciones. También se dio que en abril del año pasado estaba bastante cómodo de tiempo, y me puse en período de pesca, predisponiéndome a que salieran cosas. Compuse todas las músicas en un mes y medio. En el período entre ambos discos no había compuesto mucho, porque no siento una presión para crear, sino que lo hago cuando tengo ganas.  Grabé los temas en casa para ir moldeando las ideas, y luego me contacté con dos socios que son Tato (Andrés) Bolognini y Rodrigo Calzada que también grabaron en Copetín. En junio metimos seis ensayos, y enseguida empezamos a grabar. La grabación fue bastante rápida para lo que se acostumbra. Lo grabamos en Pink Noise, con el capitanato de Martín Brizzolara que es un técnico espectacular, y socio fundamental en mis dos discos. Hay  veces que uno está tan adentro de la cuestión que se marea un poco, y está bueno tener un ida y vuelta con alguien. En ambos discos, esa persona fue Martín. Además fue el arquitecto de sonido en los dos trabajos, y agregó un componente estético muy importante”.

¿CÓMO TUVO LUGAR EL PROCESO DE SELECCIÓN DE LAS CANCIONES PARA “BERRETÍN”?

“En Berretín fue sencillo. Me propuse componer cierta cantidad de temas para grabar el disco. Mi proceso de selección se da en el momento de componer. Si no me gusta como vengo redondeando a la idea, no la considero”.

¿CON QUÉ SE VA A ENCONTRAR LA GENTE ESTE VIERNES?

“Este viernes se va a encontrar con un grupo de tremendos músicos uruguayos. Tengo la suerte de haber nacido en Uruguay, y estar en contacto con músicos increíbles que podrían estar tocando en otros lugares del mundo con los artistas más importantes y populares que uno puede llegar a admirar. Acá como es todo muy cercano, tenés la oportunidad de conocerte con gente, e incluso entablar una amistad y afinidad musical. No los voy a nombrar porque son 27. Son músicos que han sido muy importantes en los últimos 25 años de la Música Popular Uruguaya. Hay mucha diversidad de instrumentos; vientos, tambores, contrabajo  (contrabajo), cuerdas, violonchelo, coros murgueros y coros no murgueros, voces masculinas y femeninas, músicas instrumentales y cantadas”.

SI TU CARRERA ARTÍSTICA FUERA UNA FOTO, ¿QUÉ HABRÍA EN ELLA?

“Si fuera una foto, tendrían que aparecer mi padre y mi madre. También varios de los compañeros con los que he compartido y han sido influencias que me marcaron mucho como los Once Tiros, al igual que Felipe Castro, Damián Dewailly, Pa’ntrar en Calor. Mi compañera, Paulina, debería estar. Edén Iturrioz, que fue el primero que me invitó a salir en una murga. Dos hermanos musicales como los Bolognini, Tato y Santi, con quienes sigo tocando al día de hoy. Muchos músicos que conocí en la Escuela Universitaria de Música. En fin, tendría que aparecer mucha gente”.

¿HAY ALGO QUE TENGAS PENDIENTE EN TU CARRERA?


“Todo queda pendiente. Nunca va a terminar de haber cosas pendientes. Esto se trata de ir descubriendo cosas. Uno tiene una inquietud, y va detrás de ella, una vez que lograste lo que querías, pasás a tener otra inquietud. Me encantaría tocar con cualquiera de los músicos que te nombré. También viajar mucho, y conocer músicos en el exterior, pero ir y volver. No he viajado tanto, pero he estado algunos meses en otros lugares. Siempre uno estando acá dice “¡Qué lindo sería vivir en otro lado!”, pero después te das cuenta que extrañás algo que hay acá que no hay en ningún otro lugar. Ya el hecho de tocar con músicos uruguayos es una diferencia, porque hay una sensibilidad distinta. Además los géneros musicales que se tocan acá, son irreproducibles en otras partes del mundo. El lugar para vivir y hacer música es acá”.


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