TABARÉ CARDOZO
El arte es increíblemente transformador. No solamente genera
tantas interpretaciones como sensaciones en quien lo recibe, si no que los
artistas, quizás sin darse cuenta, en ese paso del tiempo inalterable
transitando su camino, van acumulando experiencias que los transforman. Se da un
ida y vuelta constante en el que las creaciones son las principales
protagonistas. Tal es así que existen personas que comienzan a brindar su arte
desde una edad muy temprana, seducidos por esa inquietud de entregarse y vibrar
haciendo lo que más les gusta. Desde una casa en el barrio montevideano del
Buceo empezaron a sonar melodías que rebotaron por las paredes y fueron solo el
puntapié inicial para que hoy Tabaré Cardozo, a sus 47 años, continúe
permitiéndose la oportunidad de regalar lo que su corazón tiene para ofrecer. Las canciones
son un puente, y son como fotos de distintos momentos de su vida, pero esa
chispa interminable que se enciende desde su amor por el arte trasciende toda
obra, trayendo un nuevo disco bajo su manga, y entrevistas como esta.
¿CUÁLES SON TUS PRIMEROS RECUERDOS MUSICALES?
“Mis primeros recuerdos son los de la música familiar. Pasé
toda mi infancia en plena dictadura, entonces había muchos discos de bandas y
cantantes que estaban prohibidos. Por suerte mi abuelo había encanutado muchos
discos de música nacional y latinoamericana. En algún momento descubrí ese
tesoro y lo empecé a escuchar bajo recomendaciones serias de que no lo hiciera
a un volumen alto porque si los vecinos escuchaban, te denunciaban y venían los
botones a allanarte la casa. Cualquier vecino era potencial buchón. De niño no
tenía muy clara a esa situación pero sabía que había órdenes que tenía que
respetar. Entre otras cosas escuché el
disco de murga La Soberana de 1970.
Ahí empecé a entender que se podía jugar con las palabras y el concepto del
humor cantado. Un ejemplo era el cuplé de La
Computadora que jugaba con la palabra Tupa apareciendo muchas veces. En mi
casa sabíamos que esa palabra no se podía decir, y descubrí que ahí había una
semilla muy grande de libertad. Vos de cierta manera podías decir lo que no se
podía decir y vencer a la autoridad. Ese fue el primer acercamiento que tuve
con la murga. Después en casa había discos de Los Beatles y de folclore
argentino. Luego de que mi viejo salió de la cana, recuerdo haberlo escuchado
cantando con su guitarra. Siempre digo que tengo que agradecerle la vocación
musical a la UTE porque cada vez que
había un apagón, mi viejo agarraba la guitarra, prendía un farol a mantilla y
nos poníamos a cantar con él. Su selección musical era muy buena. Con el tiempo
me di cuenta de que él no cantaba cualquier cosa. Ahí aprendí que las canciones
que uno escuchaba en los discos se podían hacer caseramente. Empecé a mirarle los dedos para ver cómo los
ponía, y cuando mi viejo se iba a laburar yo le agarraba la guitarra y trataba
de sacarle el sonido. Esa fue mi primera escuela”.
LOS DRACULATECAS
"Empecé a componer con Los Draculatecas que era la murga de niños que integraba. En los primeros dos años de la murga eran algunos familiares los que se encargaban de las letras. Luego empezamos a hacerlo todo nosotros mismos. Técnicamente no eran canciones, pero hacíamos cuplés, presentaciones y despedidas. Íbamos a los tablados para ver qué hacían las murgas y tratábamos de copiarles el formato. Caíamos al tablado a las 6 o 7 de la tarde antes de que abriera, y hablábamos con el dueño o los encargados. En general actuábamos al principio, que era una cagada porque recién estaba llegando la gente y nos prenderían solo los retornos (risas), pero después empezaron a ver que a la gente le gustaba y se empezaron a sorprender. Veían que los espectáculos tenían cierta coherencia y que aparte estaba el negro Aldo que era un niño muy crá, talentoso y gracioso. La gente se cagaba de la risa porque él bajaba a la platea, subía, hacía los cuplés, etc. Entonces en los tablados nos metían cada vez con más confianza entre murga y murga. Desde chicos empezamos a foguearnos con el público. Cuando éramos adolescentes ya teníamos tremenda confianza en lo que hacíamos. El negro se movía como pez en el agua en lo que hacía y se metía a la gente en el bolsillo siendo un niño. Compuse bastante para la murga”.
VOLVER AL PUNTO DE PARTIDA
“Después siendo adolescente armé una banda de Rock con
unos compañeros de clase del liceo. En esa época había vuelto la democracia y
fue como el resurgir del Rock. Me acuerdo que empecé a curtir Psiglo, Heavy Metal, Rock español, Punk.
Escuchaba discos de Varón Rojo, Venom, Iron Maiden, AC/DC, Black Sabbath,
etc. Eso me cambió la cabeza. La banda se llamaba Ozono. En la vuelta se hablaba del tema de la capa de ozono, y
nosotros le pusimos ese nombre sin saber bien de que se trataba de un desastre
ecológico (risas). Queríamos ponerle un nombre con algo que estuviera de moda,
pero no había ninguna conciencia ecológica. Hicimos un logo que permitía que el
nombre se leyera al derecho y al revés. Esas cosas de adolescente. Hicimos unas
cuantas canciones y las grabamos en un ensayo. En 2016 se cumplieron 30 años de
la formación y fundición de la banda porque ni bien se fundó, se fundió.
Después de mí hubo otro vocalista, la banda siguió un año más y se desarmó. El
batero de la banda que había salido en Los
Draculatecas y que después salió conmigo en Curtidores de Hongos y Falta
y Resto, me trajo un cassette con esa grabación y la escuché.
Increíblemente una de las canciones tenía una melodía que estaba buenísima. Se
llamaba vejentud, y decía que los
jóvenes estaban avejentados y que había que salir de la represión. Como la
melodía y el riff de guitarra de esa canción estaban muy buenos, le cambié la
letra e hice una canción que se llama Cállense,
que está en mi último disco Libre
Pensador. La letra no tiene nada que ver con lo que decía la antigua
canción pero sí con su entorno, es decir, con los pibes que ahora son viejos
como yo y habíamos armado esa banda. No sé si eso tiene un valor artístico por
sí mismo, pero me hace bien aferrarme a ese punto de partida porque me hace
saber dónde está el centro. Es muy fácil perder el centro cuando se expande
tanto todo. Alguien dijo que te das cuenta que sos famoso cuando te saluda
gente que no conocés, y la que conocés no te saluda. Por ejemplo me ayuda mucho
el haberme vuelto a juntar a ensayar hace poco con los pibes de Los Draculatecas. También armamos un
grupo de WhatsApp con los pibes de Ozono.
Son giladas, pero es gente que me conoce a mí y que yo los conozco. Me acuerdo
de sus familias y ellos de la mía. Hasta recuerdan cosas de mí
que ya olvidé. Me llevan a una parte de mi personalidad que la fui borrando sin
querer, porque el personaje público te va comiendo tu historia”.
“UNO ES LO QUE CREE QUE ES”
“Cuando
pasás de la vocación a la profesión te
empiezan a pasar otras cosas por dentro.
Hay momentos en los que odiás esa profesión por más que te guste, y ahí
es cuando tenés que buscar ese centro que perdiste y recordar por qué hacías lo
que hacías. Hay que volver a ese concepto de ver a la música como un juego. Los
músicos son niños eternos, por eso vos ves al negro (Ruben) Rada o a Mick Jagger y no parece que tuvieran 70
y pico de años. Uno es lo que cree que es. Vos podés tener muchos años, pero si ves en el espejo a un joven, vas a ser joven.
La ancianidad es el paso del tiempo, pero el espíritu es la construcción de lo
que uno cree que es. Hay cosas que no podés cambiar, como que se te caiga el pelo, uses lentes, te
quedes sordo, pero otras sí”.
¿EN QUÉ MOMENTO PASASTE DE LA VOCACIÓN A LA PROFESIÓN?
“Tuvo
como varias aristas. Todo fue gradual. Tuve varias vocaciones e inquietudes.
Aparte de la música, hacía teatro y escribía mis obras. La primera vez que
alguien me reconoció algo fue justamente en Teatro
Joven. Estuve en dos grupos de teatro: Los Cardozo Brothers con mis
hermanos, y un grupo de teatro cómico que se llamaba La Bomba compuesto por un compañero que había salido conmigo en Los Draculatecas y dos compañeras más.
Con esas dos compañías independientes de teatro llegamos a ganar el concurso de
Teatro joven. Recibimos distinciones como la de mejor trabajo dramatúrgico,
etc. Estaba buenísimo el hecho de hacer algo que habíamos ensayado y que la
gente se cagara de risa. No habíamos estudiado nada. Yo había estudiado teatro solamente dos años con Graciela Pittaluga. Lo hice de rebote porque tenía un tío que era
cantante de tango y era el cantor de una obra de teatro. Él ensayaba a la
vuelta de casa y yo iba a verlo. Un día faltó un actor y no sabían qué hacer.
La directora
de la obra le preguntó a mi tío si yo encaraba para actuar. Y él le dijo que yo
era actor. Con eso me tiró el centro y me dieron el texto para que lo leyera.
Después de que lo leí, levanté la cabeza y el resto del grupo estaba
aplaudiendo. Quedé en la compañía y a partir de eso empecé a aprender sobre la
marcha. Los actores me iban tirando piques, pero la forma de aprender siempre
fue esa. Traté de volcar todo lo que sabía en las dos compañías que te nombré
antes. El teatro fue el primer mojón que marcó algo más o menos profesional en
mi carrera. A raíz de eso en 1998, el gallego (Enrique) Vidal que era uno de los organizadores de esa movida joven
me recomendó para escribir en la murga Contrafarsa.
Como antes de eso ya había salido en Falta
y Resto, les dijo “Este pibe salió en murga y además escribe cosas cómicas
para teatro”. Con Contrafarsa ganamos
el Concurso Oficial en ese año. Fue el año en el que escribí Las Chusmetas y El Masoquista. Las puntas
(presentación y retirada) eran escritas por Álvaro García, que me acuerdo que
me ayudó muchísimo a dominar algunos códigos. Al año siguiente gané el premio Víctor Soliño con el cuplé Doña Identidad. Todo eso me iba
insertando en el circuito. Me daba cuenta de que lo que a mí me gustaba también
le gustaba a la gente. A raíz de todos esos premios en carnaval que tenían
relevancia por lo económico también, dejé el laburo y me dediqué a lo
artístico. Esa era la época en la que estaba arrancando con mi proyecto
solista. Ahí abandoné definitivamente al amateurismo”.
EL PROCESO DE ESCRIBIR
“Tengo
como tres categorías: La música que me gusta, los ídolos que tengo y la música
a la que me parezco. El tango es algo
que me influenció muchísimo y no es algo que yo detecte. Al escuchar mi propia
música me doy cuenta que uso palabras que son bien del lunfardo que se usa en
tangos, o el tipo de estructura que tienen algunas canciones mías es similar al
de ese género. También por el tipo de melodías. De hecho el género de murga
canción es una mezcla de tango con candombe. Agarrás un tango y lo candombeás y
ya tenés una canción de murga. Queda perfecto además. Tuve la oportunidad de
conocer a muchos de mis ídolos como el Canario
(Washington) Luna y que cante
canciones mías, como El Sabalero (José
Carbajal), que para mí el tipo por sus letras es el mayor poeta del
Uruguay. Lamentablemente no pude conocer a (Alfredo) Zitarrosa, pero sí a (Eduardo) Darnauchans, que me dio recontra pa’
adelante cuando yo era un pibe. Es más, yo tenía unos 17 años y fui a cantar
mis canciones a un beneficio en Malvín. De repente miro y estaba el Darno (Darnauchans) entre el público. Yo vi que
en el cartel decía que iba a estar él, pero pensé que no iba a llegar nunca,
porque eso se estilaba aparte (risas). Pensé “¡Qué vergüenza! ¡Yo encima
cantando esta porquería! Él escuchaba atento. Al lado tenía a gente que le
hablaba, pero él solo les decía que sí porque quería hacer el esfuerzo de
escuchar. Yo quería que por favor esa persona le hablara y que él no escuche la
letra. Después dije al micrófono “Un aplauso para Darnauchans que está esperando y no lo voy a hacer esperar más”. Me
levanté, agradecí al público y me fui. Me acuerdo que me fui como por un
pasillo medio oculto que estaba atrás del escenario para no cruzarme con Darnauchans. Cuando voy a dar la vuelta
por ese pasillo había una puerta trancada, la abro y me doy de frente con el
Darno. Enseguida me dijo: “¡Hermanito, dame un abrazo, te felicito! Es
buenísimo lo que hacés, por favor mostrate y que te vean!”. Y a mí me daba
vergüenza que me estuviera felicitando. Otros referentes son (Fernando) Cabrera, con el que tuve la oportunidad de cantar en “Malandra” en el
tema Brujos y Científicos. (Jorge) Drexler también me dio para adelante
cuando yo tenía una banda con los hermanos Ibarburu allá por los años 90.
Fuimos a tocar a un boliche que se llamaba Laberinto y él fue a ver a los
Ibarburu porque eran amigos de Daniel, su hermano. Me acuerdo que me felicitó
por una canción en especial que hoy la miro y me doy cuenta que tenía muchas
carencias, pero bueno, años después terminé grabando con él también. Nunca le
mencioné sobre esa noche porque ni se debe acordar de ese suceso (risas)".
“EL EJE DONDE PINCHA EL COMPÁS”
“Me pasó
algo también con Omar Romano que es
el que inventó el género de murga canción. Él juntó a un grupo de murguistas en
los años 70’ y formó Los del Altillo.
Ese grupo estaba compuesto por coro y batería de murga y él cantaba sus
canciones con la guitarra. También cantaba los temas que hoy se conocen como
clásicos de murga. Hasta ese momento nadie había grabado clásicos. Dentro de
sus canciones había una que se llamaba El
Farolito que era su hit. Él era el artista del momento. Yo vivía en el Buceo,
y al lado de casa vivía un vecino que se llamaba Enrique. Su hijo cumplía años
y él como tenía muchos contactos llevó a su casa a Omar Romano. En un momento del cumpleaños se puso a cantar y para
mí era como tener al Canario Luna. Cuando arrancó a cantar El Farolito nos pusimos a acompañarlo con unos amigos y le hacíamos
los contracantos. ¡El loco no lo podía creeer! ¡Éramos unas ratitas! Después
nos firmó autógrafos y nos invitó a ir a su casa cuando quisiéramos. Luego él
se fue del país y dejó de cantar por un largo tiempo. Por el año 2006 o 2007
fui a cantar con la banda a la Semana de la Cerveza en Paysandú. Estábamos
haciendo la prueba de sonido y llegó alguien de la organización y me dijo:
"hay alguien que quiere hablar contigo”. Se me arrima un veterano y me
dice: “Cardozo, permítame estrecharle la mano, ¡lo felicito!, ¡Es espectacular
lo que usted hace! Es importante que la murga canción se mantenga viva”. Le
agradecí, pero pensaba “Capaz que este hombre es alguien conocido y yo ni me
doy cuenta de quién es”. Le dije: “usted veo qué domina el
paño”, porque me hablaba de cuestiones técnicas también. Me respondió que él
tenía una banda similar a la mía que hacía murga canción hace muchos años, pero
que yo era muy joven y no me iba a acordar, y que su nombre era Omar Romano. Ahí dije “¡Pahhh!” Y le
entré a cantar sus canciones. Lo invité a cantar conmigo en ese show pero al
final no pudimos hacer algo juntos. Igual quedamos en contacto. Son esas cosas
lindas que hacen que tengas un punto de contacto con esa vuelta al eje donde
pincha el compás. Eso tiene un valor artístico pero también personal y afectivo. Después hay gente con la que no
he podido cerrar el círculo como por ejemplo Daniel Viglietti, con quien no pude grabar nada, más allá de haber
cantado juntos en vivo. Sí lo pude cerrar con gente del rock como Gabriel Peluffo”.
“Disfruto
cuando está todo bien ensayado y sale todo de memoria. Sufro mucho los estrenos
porque estoy corriendo todo el día, algo que le pasa a todos los músicos.
Aparte de mi proyecto tengo a La Catalina, y la manejo, soy su chofer. Entonces
tengo que estar arriba de la murga. Volviendo a la banda, hace poco presentamos
el último disco Libre Pensador.
Hicimos 12 ensayos y en ninguno pudimos estar todos. Cuando podía uno, no podía
el otro. Llegamos con todo ensayado al (teatro) Solís, pero recién estuvimos
todos el día anterior en el ensayo general. Salió todo perfecto porque los
músicos son unos crá, pero en realidad hubiese estado bueno hacer 30 ensayos con
toda la banda completa. Yo pago los ensayos y les cubro el viático a los
músicos, pero me gustaría pagarles un caché por ensayo, y tener una sala para
ensayar. Me acuerdo que cuando en el 95’ desarmé la banda que tenía con los
Ibarburu, ellos se fueron a tocar con Fito
Páez, y él les pagaba un caché importante por mes. Ellos cobraban una plata
fija. Eso es lo que tendría que hacer
con mi banda. Tendría que tener una sala de ensayos y no andar alquilando y
esperando que haya lugar. Me reporta mucho cansancio el hecho de no poder hacer
las cosas como me gustaría hacerlas. Entonces llego cansado a los shows y como
estoy cada vez más viejo me voy olvidando de algunas letras. Después que está
todo rodando y hay que cantar las canciones que me sé de memoria, pongo el
piloto automático y me dedico a disfrutar como si estuviera en la platea. Otra
cosa que me limita mucho es el estado de la garganta porque estoy todo el
tiempo sometiéndola con la murga, viajando con aire acondicionado, etc. A veces
viajando te ponen la calefacción y te sacás
el abrigo pero después te despertás y estás cagado de frío, llegás y cantás a
veces sin dormir. Entonces estás con la garganta hecha mierda todo el tiempo y
eso te quita disfrute. Cualquier cantante se cuida y una semana antes de
cantar, achica. Yo no puedo darme ese lujo. El concierto del (teatro) Solís que
está grabado y figura en Internet, por ejemplo, lo hice recién llegado de Cuba.
La banda había ensayado sin mí. Llegué e hicimos el show en 3 días consecutivos,
y el que grabamos fue el del tercer día.
Imaginate la mancadera que traía. Hay partes de canciones de ese show que están
desafinadas y no hay arreglo. Si tenés que jugar quebrado, jugás quebrado. Uno
sabe dónde está su punto de esplendor, y ojo que no soy (Luciano) Pavarotti tampoco, pero uno se tiene fe.
No soy un cantante, sino un compositor y cantautor. Canto mis canciones
medianamente bien, pero herido es más complicado. Claro que eso pasa en la
menor cantidad de veces, pero tenés que ligar. A veces hay shows en los que cantás fenómeno y nadie tiene que retocar nada, pero no se graban”.
“La música es un espacio de libertad a través del que respondés preguntas que te hacés a vos mismo y a la vez proponés preguntas nuevas. El arte es un medio de elevar la conciencia y el ser. Es la creación de un mundo en el cual tenés el mando, no para subyugar a otras personas, sino que me refiero al mando de la creación a partir de la imaginación. Uno no sabe por qué nació, ni cuándo se va a morir. Estamos en una realidad en la que todas las noches nos apagamos y luego se nos prende automáticamente la llave al otro día. Cambiamos de dimensión y no sabemos en dónde estamos. Tenemos un pie en una cáscara de banana y otro en un skate. Sin embargo nos armamos una realidad para poder llevarla pero es angustiante. El arte no resuelve a esa angustia pero sí la plantea, y por otro lado crea una realidad en la que todo tiene sentido. Por un momento jugás a ser dios, a la creación. A veces esa creación es compartida. Esa creación no implica que seas un todopoderoso, pero sí decidís sobre algo que estás armando como un juego. Tenés ese marco de creación en el que armás algo con un principio y un fin. Esa chispa creadora es la que nos mueve a todos los artistas aunque no nos demos cuenta. Lo otro es la posibilidad de hacer eso libremente. Me crié en una época en la que no se podía hacer nada, entonces al tener gradualmente esa libertad me he permitido disfrutarla. Ejerzo esa libertad y la comparto con otras personas. En el caso de la murga, por ejemplo, no son títeres que cumplen órdenes, si no que cada uno vuelca su creatividad y entre todos vamos armando ese mundo. Somos una cooperativa y todos tenemos el mando”.
“Además
de tener que lidiar con tus propios demonios, tenés que adaptarte a la sociedad en la que vivís, que
en general está bravísima la convivencia con las demás personas. Desde que sos
chico el mundo te empieza llevando a su ritmo, con su lógica. Vos por ejemplo
en un cuplé, o en un sketch cómico podés agarrar cosas mínimas de la realidad,
exponiéndolas de manera que todos nos sentimos identificados con ellas y nos
reímos. Entonces desde la murga hacemos como un bullying correctivo. Y no es ir por ahí educando a las personas si no que se da
esa catarsis de darnos cuenta de las cosas que hacemos y que pasan. Volcás todo
eso en un tablado y la gente se caga de risa, entonces todo ese puente de
empatía que está roto en el día a día cuando cada uno hace la suya, se une en
el tablado o en un show de Stand Up. El arte recompone el tejido que está roto,
y el humor es una gran herramienta para eso. Porque si vos te parás en el medio
de la calle y empezás a tirar las verdades así nomás, nadie te va a dar pelota,
pero si lo hacés de forma chistosa es distinto”.
¿QUÉ COSAS TE QUEDAN PENDIENTES EN TU CARRERA ARTÍSTICA?
¿CUÁLES SON TUS PROYECTOS VENIDEROS?
“Recientemente grabé el disco Libre Pensador y lo presenté en Uruguay y Argentina. Voy a escribir el nuevo espectáculo de la murga para el Carnaval 2019. Hace poco hicimos el espectáculo 15 +2 que acá fue un éxito y lo vamos a presentar en Argentina. Y luego en el resto de 2019 pienso seguir presentando mi último disco. Pretendo seguir vinculándome con artistas como ha pasado con León Gieco, Los Tipitos, Soledad Pastorutti, Abel Pintos, Bersuit Vergarabat, etc. Y también poder compartir con otros músicos de acá con los que no he tenido la chance aún. Sobre todo nutrirme de músicos de distintos palos”.
SI TU CARRERA FUERA UNA FOTO, ¿QUÉ HABRÍA EN ELLA?
“EL ARTE RECOMPONE EL TEJIDO QUE ESTÁ ROTO”
“Es
difícil relatar el partido mientras se juega. Pero pienso que lo que quería
hacer, lo hice. Lo que tenía para decir, lo dije. Me queda reconstruir a nivel personal toda una cantidad de cosas.
Mirando mi vida me he dado cuenta de las distintas formas de pensar que he ido
teniendo conforme ha pasado el tiempo. Hay cosas con las que comulgo, y otras
cosas con las que ya rompí y no pienso más de esa manera. Entonces hay que
construirse de todo eso sin juzgar lo que haya pensado antes. Por ejemplo, yo
respeto al cuplé de Doña Identidad, en ese momento era lo que tenía para decir. Hoy
ya no estoy tan de acuerdo con los paradigmas que planteaba. Hoy por hoy es
imposible hacer el cuplé de La Travesaña
porque es una discriminación tremenda. Yo entiendo la coyuntura y quiénes
éramos nosotros, pero hoy por hoy eso no se puede hacer. El cuplé de Los
Jóvenes Blancos tenía partes que eran maravillosas, pero otras que eran un poco duras
y había un palo innecesario. Como
izquierdista, ahora que la izquierda ha sido gobierno y se ha enfrentado con
cosas que no ha podido resolver, te das cuenta que no era tan fácil. Todo me ha
hecho cambiar la cabeza. Lo que tengo pendiente es seguir reseteando y
actualizándome para poder ser un anciano con espíritu joven. Antes si tenía que
hacer una caricatura mía, me veía como un niño que señalaba a todo el mundo con
un dedo gigante. De a poco ese dedo ha ido girando y ahora cada vez más me
señalo a mí mismo. Hay una frase de No Te
Va Gustar que dice “Vos sabés señalar pero esperá a que te vean”. Entonces, ¿quién soy
yo para andar señalando? A medida que
fui creciendo, me fui dando cuenta de eso y espero poder seguir desarmando mi
cabeza”.
“Me gustaría que la foto fuera muy grande porque tendría que entrar mucha cantidad de gente, como por ejemplo todos los músicos con los que he compartido cosas. Armar como un collage. Sería un mural como el de Los Simpson en el que están todos los personajes. Capaz que habría como 500 personas de todas las partes del mundo y de todos los palos haciendo un mega We are the World (risas)”.
ESCUCHÁ LA LEY DE NEWTON, UNA DE LAS CANCIONES DEL NUEVO DISCO LIBRE PENSADOR:

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